Esa mañana fue diferente. Mientras el pan oscurecía sobre la vieja tostadora y el olor a café despertaba los últimos vestigios de somnolencia, Ana sintió un extrañamiento en sí misma, supuso congoja de ovarios, a pesar de la terquedad de su calendario virtual.Miró por el agujero de la cerradura, vio que no había nadie del lado contiguo, traspasó la frontera y tomo el diario húmedo que llamaba a su puerta.Observo la revista inútil que asomaba a mitad del él, la desechó. Las noticiasparecían estar a la orden del día, robos, economía, futbol, secuestros, candidaturas, como esperar una lectura crítica, si más que papel diario le parecíaestarleyendo un programa televisivo.
Tomó la tostada repleta de miel haciendo malabares para que la misma no caiga sobre la tapa repetida del diario, aunque no pudo evitar el lamparón viscoso detenido en su circunferencia. Una hoja menos, pensó, igual la portada parecía no prometer nada trascendental. Quitó la mancha espesa con el corroído trapo amarillo de la cocina, tanta tenacidad le sirvió para alterar los nervios descompuestos por aquel extrañamiento matutino. Cayó, o tiró, el diario soslayado a causa de tanta obstinación y, si bienel piso no estaba a su alcance, o voluntad, el título de una notanarrativa le inundó el rostro de preguntas. Son esas cosas que pasan sin premeditarlas, aunque una en su loco afán ficcional busque incesantemente recortes noveleros para alimentar su vidallana.
La nota se titulaba:“La Leva (o la noche fatal para una chica de la moda)”. Llamó su atención, no sabe si la foto de una mujer común que acompañaba la crónica o el subtítulo de la misma, aunque tal vez fue el oxímoron que allí se pergeñaba. Se incorporó, llevándose el diario en su andar desatento al sillón del living, olvidando la taza de café caliente que seguía humeando en la mesita de la cocina. Tomó sus lentes, y luego de limpiarlos con la remera-pijama, se dispuso a leer.
La Leva (o la noche fatal para una chica de la moda)
Al mirar la leva de perros babosos encaramándose una y otra vez sobre la perra cansada, la quiltra flaca y acezante, que ya no puede más, que se acurruca en un rincón para que la deje tranquila la jauría de hocicos y patas que la montan sin respiro; al captar esta escena, me acuerdo vagamente de aquella chica fresca que pasaba cada tarde con su cimbreado caminar. Era la más bella flor del barrio pobretón, que la veía pasar con sus minifaldas a lunares fucsia y calipso, cuando los sesenta contagiaban su moda destapada y fiebres de juventud. Ella era la única que se aventuraba con los escotes atrevidos y las espaldas piluchas y esos vestidos cortísimos, como de muñeca, que le alargaban sus piernas del tobillo con zuecos hasta el mini calzón.
En aquellas tardes de calor, las viejas sentadas en las puertas se escandalizaban con su paseo, con su ingenua provocación a la patota de la esquina, siempre donde mismo, siempre hilando sus babas de machos burlescos. La patota del club deportivo, siempre dispuesta al chiflido, al "mijita rica", al rosario de piropos groseros que la hacían sonrojarse, tropezar o apurar el paso, temerosa de esa calentura violenta que se protegía en el grupo. Por eso la chica de la moda no los miraba, ni siquiera les hacía caso con su porte de reina-rasca, de condesa-torreja que copiaba moldes y figurines de revistas para engalanar su juventud pobladora con trapos coloridos y zarandajas pop.
Tan creída la tonta, decían las cabras del barrio, picadas con la chica de la moda que provocaba tanta envidiosa admiración. Parece puta, murmuraban, riéndose cuando el grupo de la esquina la tapaba con besos y tallas de grueso calibre. Y puede haber sido el calor de ese verano, el detonante culpable de todo lo que pasó. Pudo ser un castigo social sobre alguien que sobresale de su medio, sobre la chica inocente que esa noche pasó tan tarde, tan oscura la boca de la calle, tenía sombras de lobo. Y curiosamente no se veía un alma cuando llegó a la esquina. Cuando extrañada esperó que la barra malandra le gritara algo, pero no escuchó ningún ruido. Y caminó como siempre bordeando el tierral de la cancha, cuando no alcanzó a gritar y unos brazos como tentáculos la agarraron desde las sombras. Y ahí mismo el golpe en la cabeza, ahí mismo el peso de varios cuerpos revoleándola en el suelo, rajándole la blusa, desnudándola entre todos, querían despedazarla con manoseos y agarrones desesperados. Ahí mismo se turnaban para amordazarla y sujetarle los brazos, abriéndole las piernas, montándola epilépticos en el apuro del capote poblacional. Ahí mismo los tirones de pelo, los arañazos de las piedras en su espalda, en su vientre toda esa leche sucia inundándola a mansalva. Y en un momento gritó, pidió auxilio mordiendo las manos que le tapaban la boca. Pero eran tantos, y era tanta la violencia sobre su cuerpo tiritando. Eran tantas fauces que la mordían, la chupaban, como hienas de fiesta; la noche sin luna fue compinche de su vejación en el eriazo. Y ella sabe que aulló pidiendo ayuda, está segura que los vecinos escucharon mirando detrás de las cortinas, cobardes, cómplices, silenciosos. Ella sabe que toda la cuadra apagó las luces para no comprometerse. Más bien, para ser anónimos espectadores de un juicio colectivo. Y ella supo también, cuando el último violador se marchó subiéndose el cierre, que tenía que levantarse como pudiera, y juntar los pedazos de ropa y taparse la carne desnuda, violácea de moretones. La chica de la moda supo que tenía que llegar arrastrándose hasta su casa y entrar sin hacer ruido para no decir nada. Supo que debía lavarse en el baño, esconder los trapos humillados de su moda preferida, y fingir que dormía despierta crispada por la pesadilla. La chica de la moda estaba segura que nadie serviría de testigo si denunciaba a los culpables. Sabía que toda la cuadra iba a decir que no habían escuchado nada. Y que si a la creída de la pobla le habían dado capote los chiquillos del club, bien merecido se lo tenía, porque pasaba todas las tardes provocándolos con sus pedazos de falda. Qué quería, si insolentaba a los hombres con su coqueteo de maraca putiflor.
Nunca más vi pasar a la chica de la moda bamboleando su hermosura, y hoy que miro la leva de quiltros babeantes alejándose tras la perra, pienso que la brutalidad de estas agresiones se repite impunemente en el calendario social. Cierto juicio moralizante avala el crimen y la vejación de las mujeres, que alteran la hipocresía barrial con el perfume azuceno de su emancipado destape.
Al terminar la lectura estaba atónita, sentía nauseas, ganas de vomitar. Estaba en la piel, en el género. Incomprendida melancolía, lágrima sorda. Se sentía encerrada, abrió la ventana y respiro humedad. Aquel vaho impenetrable no le sirvió de alivio. Volvió a la cocina por un trago de café tibio, sintiendo aún más contraído su abdominal. La cafeína fue el torrente que alivio lo que apretaba en su garganta. Tomó nuevamente el diario, vacilante, sin determinación, aunque esta vez desde su encaje profesional de “periodista de espectáculos”.Quiso saber de quién era esa voz, relato testimonial quizás o simplemente una ficción introspectiva sobre la condena social.Esta reflexión era inevitable, la universidad de ciencias de la comunicación la había machacado durante años sobre estos principios;aprender a diferenciar textos de denuncia y literatura de ficción.La hibridación entre literatura y periodismo era la clave primigenia para entender la obra de Rodolfo Walsh, porque la “presentación” de los hechos no es lo mismo que la “representación” que se realiza a través de la literatura de ficción. Detuvo su voz muda, pensó, tal vez sea la denuncia de la mujer de la foto, esa mujer de rasgos comunes, como los… míos. La voz,la descripción (subjetiva tal vez). “Necesitas tranquilizarte”, se ordenó Ana. Volvió a su voz interior, verdad o falsedad, historia y ficción, analogía completamente necesaria para tomar distancia y analizar una narración. De todas formas que importaba, esas historias sucedían, acá en la esquina, allá, del otro lado de la cordillera, además no se escriben ficciones para eludir la verdad sino para intentar un tratamiento más profundo que va más allá de los hechos verificables.
Leyó el nombre de Pedro Lemebel mientras su mandíbula se arrugaba sobre sus labios. Buscó en su memoria, no lo conocía, por ello decidió buscar en internet algún dato que le seafuera útil, algo así como la pieza que encastrara con el sentimiento hemolítico e inexplicable que se producía en su cuerpo. Entró en Google, tecleó el nombre.
SOBRE EL AUTOR - Aquí iría un recuadro vertical del lado izquierdo de la hoja con la siguiente información:
Pedro Mardones Lemebel, más conocido como Pedro Lemebel (Santiago, 21 de noviembre de 1955) es un escritor y artista plástico chileno. En sus libros aborda fundamentalmente la marginalidad chilena con algunas referencias autobiográficas. Su estilo irreverente, barroco y kitsch lo ha hecho conocido en toda Hispanoamérica. Gay declarado, explica el cambio de su nombre así: "El Lemebel es un gesto de alianza con lo femenino, inscribir un apellido materno, reconocer a mi madre huacha desde la ilegalidad homosexual y travesti".[
LA PALABRA DEL AUTOR – Aquí un recuadro vertical del lado derecho de la hoja con la siguiente información:
“Mi escritura es un género bastardo.”
“Mi crónica no es la que hacen los cronistas latinoamericanos ahora. Los periodistas dicen que hago literatura y los literatos, que hago crónica. En ese intermedio se mueven mis letras.”
“…en algún momento sentí que se vivía una situación tremenda en mi país, me di cuenta de que no podía escribir cuentos cuando la realidad estaba quemando mi acontecer. Por eso me dediqué a la crónica.”
DESDE LA CRÍTICA - Aquí un recuadro horizontal (que abarque todo el ancho de la hoja) contendría un recorte del texto “La fugitiva contemporaneidad narrativa latinoamericana 1990 – 2000” sobre Las crónicas de Pedro Lemebel: una mapa de las diferencias.Por Andrea Ostrov.
La “crónica”, género entre literario y periodístico adquiere, en la historia de la literatura latinoamericana, múltiples y variadas manifestaciones. En primer lugar, es necesario recordar que las Crónicas de Indias constituyen el primer corpus de escritura referido a América después de la conquista, escritura cuyo objetivo es informar a la corona acerca de las características de los “nuevos” territorios (…) Siglos más tarde, la crónica se convierte en un género periodístico donde los rasgos de brevedad y actualidad confluyen en una escritura elaborada que establece inevitablemente vinculaciones con lo literario (…) En la actualidad, la denominada “crónica urbana” constituye un tipo de escritura vinculado con los espacios urbanos modernizados que intenta dar cuenta de la multiplicidad y de la complejidad que caracterizan su entramado social y cultural. (…) Los textos (de Pedro Lemebel) establecen permanentemente una tensa vinculación entre la periferia y los barrios pobres de Santiago de Chile y ciertas prácticas sexuales marginales que transcurren en esos espacios: la homosexualidad, el travestismo, la prostitución masculina.
ACTIVIDAD CONJUNTA
-Entendiendo la crónica como vehículo, dialoguen y realicen un análisis autocrítico
Autocrítico?
Realizar un análisis es una consigna muy vaga. Qué habría que analizar?
entre todos los alumnos sobre la/s lectura/s y el material trabajado en clase, tomando nota por escrito de los aspectos narrativos más relevantes de Pedro Lemebel.
Qué sería lo relevante?
Relevante para quién?
Habría que enmarcar en el género (qué tipo de crónica, qué recorta la crónica, qué mira de la ciudad, y cómo lo hace)
Qué se toma de los datos sobre el autor, de las citas del autor, de la lectura de la crítica?
ANALISIS DEL TEXTO
-Marcar en el texto leído, o fotocopia del mismo, los recursos literarios más sobresalientes de Pedro Lemebel, como ser: la metáfora, la elipsis (figura de omisión), la metonimia, epítetos (subjetivos), la polifonía, la repetición.
Cada uno de estos recursos es un saber disciplinar que no habría que dar por supuesto. Se puede plantear una lectura más “guiada” del texto e ir viendo allí qué metaforiza, que elide, qué discursos cruza, cómo repite e intentar abrir a efectos de sentido.
Si no, te queda (como resultado de la consigna) un texto todo subrayado no se sabe por qué.
(dicho de otra manera: quizás vos harías eso con el texto o lo hacés mientras leés. Pero a cada cosa que subrayás le otorgás (mentalmente?) un sentido. Habría que ver qué cosas sabés acerca de lo literario que te permite subrayar eso y no otra cosa)
CONSIGNA DE INVENcIÓN DE ESCRITURA
-Puntualizando la crónica como una obra literaria que narra hechos históricos cronológicos, sean reales o ficcionales
Ahí hay un cruce medio raro.
Habría que explicarlo.
, te proponemos escribir una crónica “a la manera de” el autor seleccionado sobre algún aspecto marginal de la ciudad que te interese contar,
como de su mirada social: intersticios, bajos fondos, marginalidad, la periferia como espacio indefenso, etc
utilizando la primera o la tercera persona,
qué hace lemebel en la única crónica que leen los alumnos?
narrador testigo u omnisciente,
qué hace lemebel en la única crónica que leen los alumnos?
y retomando aspectos centrales tanto de su escritura: lo barroco (recargado, ornamentado), la repetición tanto de adverbios como de preposiciones, la adjetivación, etc.,
la escritura podría funcionar al mismo tiempo que el análisis. Porque escriben, leen
Tener en cuenta la cohesión del relato, así como también la ortografía y la puntuación.
CONSIGNA DE ORALIDAD
-Leer las narraciones propuestas en la actividad anterior
-Opinar y debatir conjuntamente.
Con qué criterios?
Quizás se puede inventar una situación ficticia:crónicas de la ciudad como una publicación colectiva y entonces debatir qué y cómo entra de lo que escribieron
CONSIGNA DE EXPLORACIÓN Y REESCRITURA
-Buscar un recorte de diario que evidencie un aspecto social, y transformarlo en una crónica ficcional. Buscar el narrador más efectivo para la historia. Elegir la persona, primera o tercera, y el tono con el que se va a escribir la narración, ej: irónico, cómico, trágico, etc.Tener en cuenta la cohesión del relato, así como también la ortografía y la puntuación.
Sería muy similar a la anterior
RELACIONES CON OTRAS EXPRESIONES ARTÍSTICAS
(Para entender la temática como un movimiento que alcanza todas las expresiones artísticas).
Cine: Backyard, El traspatio. Director Carlos Carrera. Radiografía de México, Ciudad Juárez.
Música: Letra de Canción “Malo”. Bebe.Incluida en su disco Pafuera telarañas.
Pintura y Arte: “Mujeres Maltratadas”. Mirta Ana Kuchen, artista plástica. (Buscar en internet)
-Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles.
-Rodolfo Walsh. Operación Masacre – Quien mató a Rosendo
-Pedro Lemebel. Loco Afán / Crónica de Sidario – El zanjón de la aguada – De perlas y cicatrices
-Gabriel García Márquez. Crónica de una muerte anunciada.
-Tomás Eloy Martínez. Santa Evita
-Manuel Puig. Boquitas Pintadas
Creyó que una ducha de agua tibia cambiaría ese aquelarre siniestro acumulado en todo su cuerpo. Esa crónica la había alterado por completo, estaba asustada. Observo sus manos, su cuerpo, se miró en el espejo que goteaba de humedad, se vio. Un grito áspero latía en su conciencia, alguien llamaba a su encuentro. Se sentía manchada, golpeada, ultrajada. No podía pensar con claridad, estaba en una encrucijada, aceptar lo que su voz interior le decía significaba mucho, significaba todo, yno quería hacerse cargo. Su vida estaba en eje, simple. Trabajo en la redacción, departamento dos ambientes, una gata, bicicleta, un potus y dos malvones. Pero atender esa voz era peligroso, era pasar del llano al ripio, era poner el ojo en la grieta, entrar en los intersticios. Ana era taciturna, amaba la soledad embutida en un frasco de música, y pájaros en la cabeza. Pero la ruptura dentro de sí le dolía, algo inalterable le exigía moverse, hablar, correr. Todos los que hubieron de modificar su vida tuvieron que jugársela, pensó; algo había que sacrificar, al igual queWalshcuando abandona su partida de ajedrez.
Sintió miedo, pero ya no podía contener esos bramidos que le desgarraba los tímpanos. Se vistió apurada, un jean, una remera blanca, unos marásco, pañuelo al cuello y el tweed verde de su abuela. Buscó una mochila, en ella metió su grabador, un anotador con birome, unos pañuelos descartables, Operación Masacre para el bondi, dinero y la foto de sus viejos.
Al salir dejó la llave bajo la alfombra de mimbre. No pensó cuando regresaría, solo percibió el aire aún espeso de tanta humedad y sus vientre más calmo. La partida fue inminente, casi inevitable, atropellada y con cierta aprensión. Pero ya no hubo retroceso, ella supo que algo tenía que cambiar, supo que los gritos herméticos que atacaban su paz debían transformarse en palabras escritas, deben ser voz, se dijo;la voz de todas, que debe ser escuchada. No podría ser esta la consigna para escribir las crónicas que se proponen antes?
Qué tuviste vos en cuenta para escribir el capítulo (en la historia de ana?) quizás ahí hay muchos elementos (como saberes) que puedan ser desarrollados para escribir las crónicas
[p1]Para qué está acá? Es tan libre que puede hacerse fuera del manual
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