discutir problemas de didáctica de la lengua y la literatura para ver hasta dónde llegamos
miércoles, 27 de abril de 2011
cultivo una rosa blanca
al escabeche
en un auto feo.
Una noche en New York City
Vamos de paseo
un pseudo punkito
con el acento finito
en Julio como en Enero
Tiene un rey celeste
que quiere hacerse
el chico malo
para el amigo sincero
con pesadas caderas
y para el cruel que la arranca
toma un trago
y va a Belgrano
¡Basta!. me voy rumbo a la puerta
pero no me importa
miércoles, 20 de abril de 2011
No estás más junto a mí
No estás más junto a mí
y van quedando pocas hojas por caer
y estoy alegre
mariposa de ensueño
no he tenido a nadie como a ti
tan chiqui, chiqui, chiquitito
que al fin a nadie asusta
mi amor
me dice “¿por qué te pelaste?”
“¿te gustó el nuevo Bertolucci?”
tal vez mañana brille el sol
morir asado
y hombres encajados en Fiorucci
me contaron que bajo el asfalto existe.
Me quedé toda la noche en la arena
Me quedé toda la noche en la arena
la rubia, tarada, bronceada, aburrida
al estofado
cuando los otros se callan.
Miré para mi derecha
patos, pollos y gallinas van,
mientras haya gente que trafique con la muerte.
Grité con todas mis fuerzas
para desear las cosas más que nunca.
Intenté algo que valiera la pena
mi amor
y mi voz no te alcanza.
No esperes el consentimiento
ni a que el cielo te mande una señal
y después a un boliche a la esquina.
miércoles, 13 de abril de 2011
algunas cosas que saben los escritores
.consensuar una fábula para pasarla a la escritura
.ir armando, ir tirando frases
.pensar en la persona en la que se escribiría la historia (primera o tercera)
.la primera persona hace el relato más vivo
.escriben y tachan, son pocas las tachaduras
. siguen corrigiendo cuando lo reciben por mail
.tiene que haber coherencia entre la historia y el relato
.el relato tiene que ser verosímil
.y estar adecuado al contexto que quiere crear ...por eso esa relación "uno a uno/corralito"
.anotar las ideas principales
.ir respondiendo las preguntas
.dictan un texto para que sea escrito tal cual fue dicho
.debatir primero algunas ideas
.releer lo escrito para -eventualmente-corregir
.el texto tiene un estilo
.el estilo es del autor
.el autor es el que escribe
.o es un autor colectivo?
.con qué estilo?
.pensamos en un género. tiene que ser una historia de amor. es un thriller
.no pensamos en un género. respondimos preguntas.
.respuestas a preguntas es un género
.revisar los tiempos verbales
.unos pasos: discutir la trama, resolverla, agarrar la birome
.hacer una secuencia de acciones
.encontrar un personaje: alguien arma las cajas para decir algo
.cada uno quiere imponer su obsesión
.como no se puede consensuar el género, se inventa otro; elige tu propia aventura
.integrar todas las ideas sin dejar afuera ninguna
.corregir con el texto tipeado cuando llega por mail
lunes, 11 de abril de 2011
en el incinerador
Después de veintinueve años de no poder dormir, recordando aquel homicidio y apropiación del departamento que no le pertenecía, decide liquidar por fin aquello que no pudo hacer antes por miedo a verse comprometido, el militar toma la decisión pensando encontrar un alivio en su conciencia, prefiere tirar a la basura y no quemar los libros de Amelia, su víctima.
Esto explica el orden geométrico militar de los libros dentro de las cajas, y el estudio de los paratextos, sin dejar marcas en las obras.
la valija de luciana
Petróleo de Pier Paolo Passolini. Personae de Erza Pound libro de pinturas de Bosh
Antología de poesía africana Adán Buenos Aires.Leopoldo Marechal
El aura en el sauce de Juan. L. Ortiz
domingo, 10 de abril de 2011
la valija de vanesa
... Me costarìa mucho justificar esta lista. Lo cierto es, que a muchos de ellos no los he leìdo, y otros, tienen lecturas parciales, por lo que apuesto todo a mis expectativas...
1- La Biblia- nuevo testamento.
2-Matrimonio del cielo y del infierno-W. Blake
3- El Coràn
4-La Torà
5-La Odisea.
6-El Capital- Karl Marx
7-El ser y la nada. Sartre
8-Moby Dick. Herman Melville.
9-Bomarzo-Muijica Lainez
10- El sentimiento tràgico de la vida. Unamuno.
El incinerador incinerado por incinerar lo inincinerable.
Tenía todo listo. Faltaba que Marcos pasara a llevarse los libros, pero se atrasó, lo suficiente para empezar a llenarme de culpa. No pude hacerlo cuando la miré a los ojos.
La ansiedad me consumía. Habían pasado 72 horas de aquella partida y estaba seguro que esa noche me esperaba una escalera real. Sin dudar, tomé la decisión; durante la siesta, bajé a la baulera y me traje las cajas, que escondí en el incinerador hasta que Marcos pasara. El pedido era puntual: literatura de fines de los 70 y principios de los 80. Estaban tal cual ella las había cerrado cuando compramos el departamento, con el uno a uno.
Eran los libros de su carrera, que ya había terminado varios años antes de mudarnos. Creía esos libros guardados junto a su memoria… Porque en el 2001, no sólo los ahorros quedaron en el corralito, su cabeza también. Pero no pude reventar los libros, cuando la miré a los ojos y vi que miraban la nada... como siempre, pero también me pareció que me miraban a mi, así que no pude. Entonces le hice creer que los había encontrado, por casualidad, en el incinerador; y pueden creer qué ella un poco los reconoció.
viernes, 8 de abril de 2011
Libros en el incinerador
Está obsesionado. Pretende que ella se remita a un período específico de su propia historia. Quiere decirle algo.
Entonces.
Elige el camino que considera más efectivo: la literatura.
A través de las cajas de libros pretende marcar la dirección y el recorrido que tome su memoria. Ya con la primera caja la lleva directamente a su tiempo de estudiante. Una vez allí, ella comienza a descubrir un orden lógico. Su memoria las recorre como por un camino trazado para ella. Sumisa, abre una a una las cajas del pasado. Recorre aulas, lecturas, una por una. Cuando llega por fin a un elemento, el único, absolutamente desconcertante.
Una solitaria revista Gente es el último elemento. El único para el que su memoria no tiene un recuerdo específico.
Entonces.
Entiende. Pero entiende solamente que hay alguien que quiere decirle algo. Y nada más.
Elige tu propia aventura:
Si creés que quien le envió las cajas no es un personaje siniestro con modos no convencionales de acercarse a la mujer a la que acecha, abrí la caja 1.
Si creés que quien dejó las cajas en el incinerador es un personaje siniestro y perverso que quiere comunicarle algo truculento de su pasado, abrí la caja 2.
Caja 1: historia de amor. Arrastrada desde un pasado no tan lejano, pero que sólo es posible a través de la memoria.
Caja 2: pasado truculento. Algo pasó en la vida de ella que la vincula a la apropiación ilegal de personas de la última dictadura.
en la versión de don juan manuel
De lo que sucedió a un rey con los pícaros que hicieron la tela
Una vez el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero:
-Patronio, un hombre me ha venido a proponer una cosa muy importante y que dice me conviene mucho, pero me pide que no lo diga a ninguna persona por confianza que me inspire, y me encarece tanto el secreto que me asegura que si lo digo toda mi hacienda y hasta mi vida estarán en peligro. Como sé que nadie os podrá decir nada sin que os deis cuenta si es verdad o no, os ruego me digáis lo que os parece esto.
-Señor conde Lucanor -respondió Patronio-, para que veáis lo que, según mi parecer, os conviene más, me gustaría que supierais lo que sucedió a un rey con tres granujas que fueron a estafarle.
El conde le preguntó qué le había pasado.
-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, tres pícaros fueron a un rey y le dijeron que sabían hacer telas muy hermosas y que especialmente hacían una tela que sólo podía ser vista por el que fuera hijo del padre que le atribuían, pero que no podía verla el que no lo fuera. Al rey agradó esto mucho, esperando que por tal medio podría saber quiénes eran hijos de los que aparecían como sus padres y quiénes no, y de este modo aumentar sus bienes, ya que los moros no heredan si no son verdaderamente hijos de sus padres; a los que no tienen hijos los hereda el rey. Éste les dio un salón para hacer la tela.
Dijéronle ellos que para que se viera que no había engaño, podía encerrarlos en aquel salón hasta que la tela estuviese acabada. Esto también agradó mucho al rey, que los encerró en el salón, habiéndoles antes dado todo el oro, plata, seda y dinero que necesitaban para hacer la tela.
Ellos pusieron su taller y hacían como si se pasaran el tiempo tejiendo. A los pocos días fue uno de ellos a decir al rey que ya habían empezado la tela y que estaba saliendo hermosísima; díjole también con qué labores y dibujos la fabricaban, y le pidió que la fuera a ver, rogándole, sin embargo, que fuese solo. Al rey le pareció muy bien todo ello.
Queriendo hacer antes la prueba con otro, mandó el rey a uno de sus servidores para que la viese, pero sin pedirle le dijera luego la verdad. Cuando el servidor habló con los pícaros y oyó contar el misterio que tenía la tela, no se atrevió a decirle al rey que no la habla visto. Después mandó el rey a otro, que también aseguró haber visto la tela. Habiendo oído decir a todos los que había enviado que la habían visto, fue el rey a verla. Cuando entró en el salón vio que los tres pícaros se movían como si tejieran y que le decían: "Ved esta labor. Mirad esta historia. Observad el dibujo y la variedad que hay en los colores." Aunque todos estaban de acuerdo en lo que decían, la verdad es que no tejían nada. Al no ver el rey nada y oír, sin embargo, describir una tela que otros hablan visto, se tuvo por muerto, porque creyó que esto le pasaba por no ser hijo del rey, su padre, y temió que, si lo dijera, perdería el reino. Por lo cual empezó a alabar la tela y se fijó muy bien en las descripciones de los tejedores. Cuando volvió a su cámara refirió a sus cortesanos lo buena y hermosa que era aquella tela y aun les pintó su dibujo y colores, ocultando así la sospecha que había concebido.
A los dos o tres días envió a un ministro a que viera la tela. Antes de que fuese el rey le contó las excelencias que la tela tenía. El ministro fue, pero cuando vio a los pícaros hacer que tejían y les oyó describir la tela y decir que el rey la había visto, pensó que él no la veía por no ser hijo de quien tenía por padre y que si los demás lo sabían quedaría deshonrado. Por eso empezó a alabar su trabajo tanto o más que el rey.
Al volver el ministro al rey, diciéndole que la había visto y haciéndole las mayores ponderaciones de la tela, se confirmó el rey en su desdicha, pensando que si su ministro la veía y él no, no podía dudar de que no era hijo del rey a quien había heredado. Entonces comenzó a ponderar aún más la calidad y excelencia de aquella tela y a alabar a los que tales cosas sabían hacer.
Al día siguiente envió el rey a otro ministro y sucedió lo mismo. ¿Qué más os diré? De esta manera y por el temor a la deshonra fueron engañados el rey y los demás habitantes de aquel país, sin que ninguno se atreviera a decir que no veía la tela. Así pasó la cosa adelante hasta que llegó una de las mayores fiestas del año. Todos le dijeron al rey que debía vestirse de aquella tela el día de la fiesta. Los pícaros le trajeron el paño envuelto en una sábana, dándole a entender que se lo entregaban, después de lo cual preguntaron al rey qué deseaba que le hiciesen con él. El rey les dijo el traje que quería. Ellos le tomaron medidas e hicieron como si cortaran la tela, que después coserían.
Cuando llegó el día de la fiesta vinieron al rey con la tela cortada y cosida. Hiciéronle creer que le ponían el traje y que le alisaban los pliegues. De este modo el rey se persuadió de que estaba vestido, sin atreverse a decir que no veía la tela. Vestido de este modo, es decir, desnudo, montó a caballo para andar por la ciudad. Tuvo la suerte de que fuera verano, con lo que no corrió el riesgo de enfriarse. Todas las gentes que lo miraban y que sabían que el que no veía la tela era por no ser hijo de su padre, pensando que los otros sí la veían, se guardaban muy bien de decirlo por el temor de quedar deshonrados. Por esto todo el mundo ocultaba el que creía que era su secreto. Hasta que un negro, palafrenero del rey, que no tenía honra que conservar, se acercó y le dijo:
-Señor, a mí lo mismo me da que me tengáis por hijo del padre que creí ser tal o por hijo de otro; por eso os digo que yo soy ciego o vos vais desnudo.
El rey empezó a insultarle, diciéndole que por ser hijo de mala madre no veía la tela. Cuando lo dijo el negro, otro que lo oyó se atrevió a repetirlo, y así lo fueron diciendo, hasta que el rey y todos los demás perdieron el miedo a la verdad y entendieron la burla que les habían hecho. Fueron a buscar a los tres pícaros y no los hallaron, pues se habían ido con lo que le habían estafado al rey por medio de este engaño.
Vos, señor conde Lucanor, pues ese hombre os pide que ocultéis a vuestros más leales consejeros lo que él os dice, estad seguro de que os quiere engañar, pues debéis comprender que, si apenas os conoce, no tiene más motivos para desear vuestro provecho que los que con vos han vivido y han recibido muchos beneficios de vuestra mano, y por ello deben procurar vuestro bien y servicio.
El conde tuvo este consejo por bueno, obró según él y le fue muy bien. Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:
Al que te aconseja encubrirte de tus amigos
le es más dulce el engaño que los higos.
en la versión de andersen
Hans Christian Andersen
Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.
La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.
Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».
-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.
-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.
-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.
Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.
Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».
-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!
Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.
-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?
Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!
-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.
-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:
-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!
Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.
-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.
Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.
la valija de rosana
1_ El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde
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1 i ching (o libro de las mutaciones) - tradicional
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| 1. Cuauhtémoc Sanchez, Carlos. Juventud en éxtasis. (novela mexicana, no es tan porno como parece jajaja, es una novela muy linda y un poco moralista, bastante diría yo) 2.- Valencia, Eddie. Tulipanes en diciembre. (novela chilena) 3.- Sin autor. Nacida inocente. Adaptación hecha por el guionista Gerald Dipego. (les recomiendo la película, está en youtube) 4.- Villamil Diaz, Antonio. La niña de sus ojos. (novela boliviana, costumbrista) 5.- Mandino, Og. El vendedor mas grande del mundo. (estadounidense, hermosa) 6.- Mandino, Og. El secreto mas grande del mundo. (Idem) 7.- Asimov, Isaac. Sobre ciencia ficción. (selección de ensayos escritos por Asimov, un grande!) 8.- Austen, Jane. Orgullo y prejuicio. (ya la conocen, en película conozco solo dos versiones, no se si hay mas) 9.- Virgilio. La eneida. ![]() 10.- Hernández, José. Martin Fierro. ![]() |
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1) Diarios de Alejandra Pizarnik
la valija de juan
Martín Fierro. José Hernández
la valija de ileana
- La traición de Rita Hayworth de Manuel Puig.
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2. Bestiario de Julio Cortázar.
3. Los premios de Julio Cortázar.
4. Trilce de César Vallejo.
5. De amor y otros demonios de Gabriel García Márquez.
6. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.
7. Otra vuelta de tuerca de Henry Hames.
8. El señor de las moscas de William Golding.
9. El milagro y otros cuentos de Enrique Anderson Imbert.
10. Cuentos completos de Horacio Quiroga
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Todos los fuegos, el fuego y Papeles inesperados, de Cortázar.
Las palabras y las cosas de Foucault.
La ciudad sin laura (Bernárdez)
Las 1001 noches
El arpa y la sombra y El recurso del método de Alejo Carpentier.
la valija de felipe
- La conjura de los necios, John Kennedy Toole
- Gödel, Escher, Bach, Douglas Hofstadter
- Las ciudades invisibles, Italo Calvino
- Matemática demente, Lewis Carroll
- Los cristales soñadores, T. Sturgeon
- En medio de Spinoza, G. Deleuze
- En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
- Libro de relatos, León de Greiff
- El país de octubre, Ray Bradbury
- El mono desnudo, Desmond Morris
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2. Nietzsche, F. Aurora.
3. Woolf, V. Un cuarto propio.
4. Shakespeare, W. Hamlet.
5. Pizarnik, A. Las aventuras perdidas.
6. Farthing, S. 1001 pinturas que hay que ver antes de morir.
7. Aristóteles. La poética.
8. Molière. Don Juan.
9. Poe, E. A. Filosofía de la composición.
10. Foucault, M. La arqueología del saber.
