La rubia, tarada, bronceada, aburrida
al estofado
cuando los otros se callan.
Miré para mi derecha
patos, pollos y gallinas van,
mientras haya gente que trafique con la muerte.
Grité con todas mis fuerzas
para desear las cosas más que nunca.
Intenté algo que valiera la pena
mi amor
y mi voz no te alcanza.
No esperes el consentimiento
ni a que el cielo te mande una señal
y después a un boliche a la esquina.
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