sábado, 2 de julio de 2011

ileana-cuento de ciencia ficción-interrogatorio

CUENTO DE CIENCIA FICCIÓN

“Las ciudades americanas se destruyen y metamorfosean aprisa, como los insectos. Nadie podría vaticinar hacia qué formas tienden ni qué ha de quedar en pie de todo lo existente”

Ezequiel Martínez Estrada (La cabeza de Goliat -1946-)

La luna roja
Roberto Arlt

Nada lo anunciaba por la tarde.
Las actividades comerciales se desenvolvieron normalmente en la ciudad. Olas humanas hormigueaban en los pórticos encristalados de los vastos establecimientos comerciales, o se detenían frente a las vidrieras que ocupaban todo el largo de las calles oscuras, salpicadas de olores a telas engomadas, flores o vituallas.
Los cajeros, tras de sus garitas encristaladas, y los jefes de personal rígidos en los vértices alfombrados de los salones de venta, vigilaban con ojo cauteloso la conducta de sus inferiores.
Se firmaron contratos y se cancelaron empréstitos.
En distintos parajes de la ciudad, a horas diferentes, numerosas parejas de jóvenes y muchachas se juraron amor eterno, olvidando que sus cuerpos eran perecederos; algunos vehículos inutilizaron a descuidados paseantes, y el cielo, más allá de las altas cruces metálicas pintadas de verde, que soportaban los cables de alta tensión, se teñía de un gris ceniciento, como siempre ocurre cuando el aire está cargado de vapores acuosos.
Nada lo anunciaba.
Por la noche fueron iluminados los rascacielos.
La majestuosidad de sus fachadas fosforescentes, recortadas a tres dimensiones sobre el fondo de tinieblas, intimidó a los hombres sencillos. Muchos se formaban una idea desmesurada respecto a los posibles tesoros blindados por muros de acero y cemento. Fornidos vigilantes, de acuerdo a la consigna recibida, al pasar frente a estos edificios, observaban cuidadosamente los zócalos de puertas y ventanas, no hubiera allí abandonada una máquina infernal. En otros puntos se divisaban las siluetas sombrías de la policía montada, teniendo del cabestro a sus caballos y armados de carabinas enfundadas y pistolas para disparar gases lacrimógenos.
Los hombres timoratos pensaban: “¡Qué bien estamos defendidos!”, y miraban con agradecimiento las enfundadas armas mortíferas; en cambio, los turistas que paseaban hacían detener a sus choferes, y con la punta de sus bastones señalaban a sus acompañantes los luminosos nombres de remotas empresas. Estos centelleaban en interminables fachadas escalonadas y algunos se regocijaban y enorgullecían al pensar en el poderío de la patria lejana, cuya expansión económica representaban dichas filiales, cuyo nombre era menester deletrear en la proximidad de las nubes. Tan altos estaban.
Desde las terrazas elevadas, al punto que desde allí parecía que se podían tocar las estrellas con la mano, el viento desprendía franjas de músicas, “blues” oblicuamente recortados por la dirección de la racha de aire. Focos de porcelana iluminaban jardines aéreos. Confundidos entre el follaje de costosas vegetaciones, controlados por la respetuosa y vigilante mirada de los camareros, danzaban los desocupados elegantes de la ciudad, hombres y mujeres jóvenes, elásticos por la práctica de los deportes e indiferentes por el conocimiento de los placeres. Algunos parecían carniceros enfundados en un “smoking”, sonreían insolentemente, y todos, cuando hablaban de los de abajo, parecían burlarse de algo que con un golpe de sus puños podían destruir.
Los ancianos, arrellanados en sillones de paja japonesa, miraban el azulado humo de sus vegueros o deslizaban entre los labios un esguince astuto, al tiempo que sus miradas duras y autoritarias reflejaban una implacable seguridad y solidaridad. Aun entre el rumor de la fiesta no se podía menos de imaginárseles presidiendo la mesa redonda de un directorio, para otorgar un empréstito leonino a un estado de cafres y mulatillos, bajo cuyos árboles correrían linfas de petróleo.
Desde alturas inferiores, en calles más turbias y profundas que canales, circulaban los techos de automóviles y tranvías, y en los parajes excesivamente iluminados, una microscópica multitud husmeaba el placer barato, entrando y saliendo por los portalones de los “dancings” económicos, que como la boca de altos hornos vomitaban atmósferas incandescentes.
Hacia arriba, en oblicuas direcciones, la estructura de los rascacielos despegaba sobre cielos verdosos o amarillentos, relieves de cubos, sobrepuestos de mayor a menor. Estas pirámides de cemento desaparecían al apagarse el resplandor de invisibles letreros luminosos; luego aparecían nuevamente como “super dreadnoughts”, poniendo una perpendicular y tumultuosa amenaza de combate marítimo al encenderse lívidamente entre las tinieblas. Fue entonces cuando ocurrió el suceso extraño.
El primer violín de la orquesta Jardín Aéreo Imperius iba a colocar en su atril la partitura del “Danubio Azul”, cuando un camarero le alcanzó un sobre. El músico, rápidamente, lo rasgó y leyó la esquela; entonces, mirando por sobre los lentes a sus camaradas, depositó el instrumento sobre el piano, le alcanzó la carta al clarinetista, y como si tuviera mucha prisa descendió por la escalerilla que permitía subir al paramento, buscó con la mirada la salida del jardín y desapareció por la escalera de servicio, después de tratar de poner inútilmente en marcha el ascensor.
Las manos de varios bailarines y sus acompañantes se paralizaron en los vasos que llevaban a los labios para beber, al observar la insólita e irrespetuosa conducta de este hombre. Mas, antes de que los concurrentes se sobrepusieran de su sorpresa, el ejemplo fue seguido por sus compañeros, pues se les vio uno a uno abandonar el palco, muy serios y ligeramente pálidos.
Es necesario observar que a pesar de la prisa con que ejecutaban estos actos, los actuantes revelaron cierta meticulosidad. El que más se destacó fue el violoncelista que encerró su instrumento en la caja. Producían la impresión de querer significar que declinaban una responsabilidad y se “lavaban las manos”. Tal dijo después un testigo.
Y si hubieran sido ellos solos.
Los siguieron los camareros. El público, mudo de asombro, sin atreverse a pronunciar palabra (los camareros de estos parajes eran sumamente robustos) les vio quitarse los fracs de servicio y arrojarlos despectivamente sobre las mesas. El capataz de servicio dudaba, mas al observar que el cajero, sin cuidarse de cerrar la caja, abandonaba su alto asiento, sumamente inquieto se incorporó a los fugitivos.
Algunos quisieron utilizar el ascensor. No funcionaba.
Súbitamente se apagaron los focos. En las tinieblas, junto a las mesas de mármol, los hombres y mujeres que hasta hacía unos instantes se debatían entre las argucias de sus pensamientos y el deleite de sus sentidos, comprendieron que no debían esperar. Ocurría algo que rebalsaba la capacidad expresiva de las palabras, y entonces, con cierto orden medroso, tratando de aminorar la confusión de la fuga, comenzaron a descender silenciosamente por las escaleras de mármol.
El edificio de cemento se llenó de zumbidos. No de voces humanas, que nadie se atrevía a hablar, sino de roces, tableteos, suspiros. De vez en cuando, alguien encendía un fósforo, y por el caracol de las escaleras, en distintas alturas del muro, se movían las siluetas de espaldas encorvadas y enormes cabezas caídas, mientras que en los ángulos de pared las sombras se descomponían en saltantes triángulos irregulares.
No se registró ningún accidente.
A veces, un anciano fatigado o una bailarina amedrentada se dejaba caer en el borde de un escalón, y permanecía allí sentada, con la cabeza abandonada entre las manos, sin que nadie la pisoteara. La multitud, como si adivinara su presencia encogida en la pestaña de mármol, describía una curva junto a la sombra inmóvil.
El vigilante del edificio, durante dos segundos, encendió su linterna eléctrica, y la rueda de luz blanca permitió ver que hombres y mujeres, tomados indistintamente de los brazos, descendían cuidadosamente. El que iba junto al muro llevaba la mano apoyada en el pasamanos.
Al llegar a la calle, los primeros fugitivos aspiraron afanosamente largas bocanadas de aire fresco. No era visible una sola lámpara encendida en ninguna dirección.
Alguien raspó una cerilla en una cortina metálica, y entonces descubrieron en los umbrales de ciertas casas antiguas, criaturas sentadas pensativamente. Estas, con una seriedad impropia de su edad, levantaban los ojos hacia los mayores que los iluminaban, pero no preguntaron nada.
De las puertas de los otros rascacielos también se desprendía una multitud silenciosa.
Una señora de edad quiso atravesar la calle, y tropezó con un automóvil abandonado; más allá, algunos ebrios, aterrorizados, se refugiaron en un coche de tranvía cuyos conductores habían huido, y entonces muchos, transitoriamente desalentados, se dejaron caer en los cordones de granito que delimitaban la calzada.
Las criaturas inmóviles, con los pies recogidos junto al zócalo de los umbrales, escuchaban en silencio las rápidas pisadas de las sombras que pasaban en tropel.
En pocos minutos los habitantes de la ciudad estuvieron en la calle.
De un punto a otro en la distancia, los focos fosforescentes de linternas eléctricas se movían con irregularidad de luciérnagas. Un curioso resuelto intentó iluminar la calle con una lámpara de petróleo, y tras de la pantalla de vidrio sonrosado se apagó tres veces la llama. Sin zumbidos, soplaba un viento frío y cargado de tensiones voltaicas.
La multitud espesaba a medida que transcurría el tiempo.
Las sombras de baja estatura, numerosísimas, avanzaban en el interior de otras sombras menos densas y altísimas de la noche, con cierto automatismo que hacía comprender que muchos acababan de dejar los lechos y conservaban aún la incoherencia motora de los semidormidos.
Otros, en cambio, se inquietaban por la suerte de su existencia, y calladamente marchaban al encuentro del destino, que adivinaban erguido como un terrible centinela, tras de aquella cortina de humo y de silencio.
De fachada a fachada, el ancho de todas las calles trazadas de este a oeste se ocupaba de multitud. Esta, en la oscuridad, ponía una capa más densa y oscura que avanzaba lentamente, semejante a un monstruo cuyas partículas están ligadas por el jadeo de su propia respiración.
De pronto un hombre sintió que le tiraban de una manga insistentemente. Balbuceó preguntas al que así le asía, mas como no le contestaban, encendió un fósforo y descubrió el achatado y velludo rostro de un mono grande que con ojos medrosos parecía interrogarlo acerca de lo que sucedía. El desconocido, de un empellón, apartó la bestia de sí, y muchos que estaban próximos a él repararon que los animales estaban en libertad.
Otro identificó varios tigres confundidos en la multitud por las rayas amarillas que a veces fosforecían entre las piernas de los fugitivos, pero las bestias estaban tan extraordinariamente inquietas que, al querer aplastar el vientre contra el suelo, para denotar sumisión, obstaculizaban la marcha, y fue menester expulsarlas a puntapiés. Las fieras echaron a correr, y como si se hubiera pasado una consigna, ocuparon la vanguardia de la multitud.
Adelantábanse con la cola entre las zarpas y las orejas pegadas a la piel del cráneo. En su elástico avance volvían la cabeza sobre el cuello, y se distinguían sus enormes ojos fosforescentes, como bolas de cristal amarillo. A pesar de que los tigres caminaban lentamente, los perros, para mantenerse a la par de ellos, tenían que mover apresuradamente las patas.
Súbitamente, sobre el tanque de cemento de un rascacielos apareció la luna roja. Parecía un ojo de sangre despegándose de la línea recta, y su magnitud aumentaba rápidamente. La ciudad, también enrojecida, creció despacio desde el fondo de las tinieblas, hasta fijar la balaustrada de sus terrazas en la misma altura que ocupaba la comba descendente del cielo.
Los planos perpendiculares de las fachadas reticulaban de callejones escarlatas el cielo de brea. En las murallas escalonadas, la atmósfera enrojecida se asentaba como una neblina de sangre. Parecía que debía verse aparecer sobre la terraza más alta un terrible dios de hierro con el vientre troquelado de llamas y las mejillas abultadas de gula carnicera.
No se percibía ningún sonido, como si por efectos de la luz bermeja la gente se hubiera vuelto sorda.
Las sombras caían inmensas, pesadas, cortadas tangencialmente por guillotinas monstruosas, sobre los seres humanos en marcha, tan numerosos que hombro con hombro y pecho con pecho colmaban las calles de principio a fin.
Los hierros y las cornisas proyectaban a distinta altura rayas negras paralelas a la profundidad de la atmósfera bermeja. Los altos vitriales refulgían como láminas de hielo tras de las que se desemparva un incendio.
A la claridad terrible y silenciosa era difícil discernir los rostros femeninos de los masculinos. Todos aparecían igualados y ensombrecidos por la angustia del esfuerzo que realizaban, con los maxilares apretados y los párpados entrecerrados. Muchos se humedecían los labios con la lengua, pues los afiebraba la sed. Otros con gestos de sonámbulos pegaban la boca al frío cilindro de los buzones, o al rectangular respiradero de los transformadores de las canalizaciones eléctricas, y el sudor corría en gotas gruesas por todas las frentes.
De la luna, fijada en un cielo más negro que la brea, se desprendía una sangrienta y pastosa emanación de matadero.
La multitud en realidad no caminaba, sino que avanzaba por reflujos, arrastrando los pies, soportándose los unos en los otros, muchos adormecidos e hipnotizados por la luz roja que, cabrilleando de hombro en hombro, hacía más profundos y sorprendentes los tenebrosos cuévanos de los ojos y roídos perfiles.
En las calles laterales los niños permanecían quietos en sus umbrales.
Del tumulto de las bestias, engrosado por los caballos, se había desprendido el elefante, que con trote suave corría hacia la playa, escoltado por dos potros. Estos, con las crines al viento y los belfos vueltos hacia las apantalladas orejas del paquidermo, parecían cuchichearle un secreto.
En cambio, los hipopótamos a la cabeza de la vanguardia, buceaban fatigosamente en el aire, recogiéndolo con los golpes en vacío de sus hocicos acorazados. Un tigre restregando el flanco contra los muros avanzaba de mala gana.
El silencio de la multitud llegó a hacerse insoportable. Un hombre trepó a un balcón y poniéndose las manos ante la boca a modo de altoparlante, aulló congestionado:
—Amigos, ¡qué pasa, amigos! Yo no sé hablar, es cierto, no sé hablar, pero pongámonos de acuerdo.
Desfilaban sin mirarle, y entonces el hombre secándose el sudor de la frente con el velludo dorso del brazo se confundió en la muchedumbre.
Inconscientemente todos se llevaron un dedo a los labios, una mano a la oreja. No podían ya quedar dudas.
En una distancia empalizada de fuego y tinieblas, más movediza que un océano de petróleo encendido, giró lentamente sobre su eje la metálica estructura de una grúa.
Oblicuamente un inmenso cañón negro colocó su cónico perfil entre cielo y tierra, escupió fuego retrocediendo sobre su cureña, y un silbido largo, cruzó la atmósfera con un cilindro de acero.
Bajo la luna roja, bloqueada de rascacielos bermejos, la multitud estalló en un grito de espanto:
—¡No queremos la guerra! ¡No..., no..., no!...
Comprendían esta vez que el incendio había estallado sobre todo el planeta, y que nadie se salvaría.

DALE UNA NUEVA VIDA AL HÉROE ESCONDIDO

- Entre los personajes que se han mencionado en el cuento hay un héroe, pero nadie notó su presencia. Si bien ha guardado un bajo perfil inicial, vivenció este terrible suceso. El héroe ha atravesado el tiempo y el espacio, viene de realizar hazañas increíbles pero, como parte de una maldición, va quedando atrapado, a cada paso, en historias inesperadas.

Necesitamos tu ayuda para que el héroe pueda recuperar nuevamente su camino:

- En primer lugar: elegí quién es el héroe, de entre los personajes del cuento:

Solo a modo de ejemplo: ¿Es uno de los hombres “timoratos” que ante la presencia de las armas mortíferas pensaba: “qué bien estamos defendidos”? ¿Es uno de los turistas que se sorprendía ante el poderío extranjero? ¿Será un anciano o uno de los músicos que recibe la noticia de la catástrofe? ¿Es un huidizo habitante de la ciudad que marcha entre la multitud? El héroe puede adoptar las formas más inimaginables. ¿Será un animal o un objeto inanimado que en este caso piensa, siente, “vive”? Tené en cuenta que de acuerdo al personaje que elijas cambiará la perspectiva, el punto de vista, la historia que se muestre al lector.

ESCRIBI UN CUENTO DE CIENCIA FICCIÓN

Antes de comenzar a escribir recordá las características propias del género de ciencia ficción. La historia que vas a contar debe continuar con dichas particularidades. Para ello, discutí con tus compañeros, ¿cuáles son los elementos de ciencia ficción que aparecen en el texto? ¿Qué cuentos y películas de ciencia ficción conocés? ¿Cuáles son las características y rasgos distintivos de estos relatos?

A modo de contexto

No sería “contexto”

: La ciencia ficción se consolidó a comienzos del siglo XX como respuesta a la curiosidad e inquietud que el ser humano sentía frente al futuro. Los avances tecnológicos trajeron como consecuencia la reflexión de los escritores sobre lo que podría sucederle a los hombres en su relación con las máquinas, con el lugar en el que viven y con la posibilidad de conocer otros planetas y sus habitantes. Algunos de los temas característicos de este tipo de relatos son: los viajes en el tiempo y en el espacio exterior, los adelantos y experimentos científicos y tecnológicos, la extinción de la raza humana, la relación entre los seres humanos y los de otros planetas, así como también con las máquinas y los robots creados por el hombre.

La ciencia ficción es un género que desarrolla su argumento con premisas relacionadas con los conocimientos científicos que se poseen en la época en que se creó la obra y que, o bien difieren notablemente de algún aspecto concreto de la realidad tal y como es (o de su pasado tal y como fue), o bien sugieren un hipotético futuro derivado de tal realidad.

Una vez que hayas determinado bajo qué piel se ha escondido el héroe: volvé a contar la historia haciendo coincidir personaje con narrador y continuala “un poco más allá” de lo que nos cuenta Arlt: es decir, ¿qué ocurre luego de que estalla el incendio en todo el planeta? Tené en cuenta que el narrador omnisciente de “La luna roja”, sabe todo -o casi todo- sobre los personajes que forman parte de la historia y no se detiene en ninguno en particular. Esto se relaciona con la propia trama del relato, en la que no hay una diferenciación entre personajes principales y secundarios.

En el ejercicio propuesto el narrador en primera persona es el personaje protagonista de la historia y permitirá resaltar la figura del héroe,

Sería interesante confrontar esta “fabricación” del héroe (uno, como en la tradición del héroe) con el héroe colectivo que presenta El eternauta (en el cap de historieta)

que ahora tendrá la posibilidad de enfocar un punto de vista desde su propia óptica personal,

habría que encontrar la redacción para que punto de vista como lo que cada uno piensa del mundo o del asunto no se confunda con el punto de vista o focalización como elemento de la narración con el grado de conocimiento necesario para mostrar el mundo pero involucrado él mismo con los sucesos.

ENTREVISTA AL HÉROE

El héroe ha vuelto a cobrar protagonismo y su destino final está en tus manos. Claro que al tener tantas vidas podrá morir o resurgir muchas veces. Veremos qué ha ocurrido con él… para descubrir esto, leeremos en clase las diferentes producciones. Este ejercicio servirá para comparar los cambios que puede sufrir una misma historia, contada desde diferentes perspectivas.

Luego agrúpense de a dos y deténganse en el rol que adoptó el héroe del compañero. ¿Cómo vive la historia el héroe transmutado en diferentes personas o cosas? Hacele una entrevista al héroe de tu par para conocerlo más. Podrás indagar en cuestiones propias de su personalidad, sentimientos, emociones y forma de pensar, como así también averiguar sobre la experiencia particular vivida durante el suceso de “La luna roja”. Por otro lado, tu entrevista buscará investigar en aspectos poco desarrollados de la historia escrita por tu compañero, se podrá detener en algún tema de interés personal o que brinde otro costado de ese mismo personaje. Este ejercicio te ayudará a descubrir a su vez que la mirada y representación del observador influye en el perfil creado y recibido por el lector. La idea entonces es que pienses las preguntas y se las formules a tu compañero, que es quién encarnará por un momento al héroe, ya que es la persona que lo ha creado, y por eso, quien más lo conoce.

- Antes, buscá en los medios gráficos diferentes tipos de entrevistas para detectar en qué temas se detienen particularmente, teniendo en cuenta el comienzo, el final, los tipos de preguntas y las acotaciones (las explicaciones del periodista sobre actitudes que tuvo el entrevistado). Elegí una que te haya parecido particularmente atractiva y determiná por qué. Intentá evitar las preguntas “cerradas” que puedan ser contestadas con un “sí” o “no”.

RETRATO DE UN HÉROE DE CARNE Y HUESO

El héroe clásico aparece exaltado por el carácter de sus aventuras y hazañas, y personifica el modelo de lo que un hombre debe hacer por su pueblo, es decir, el ideal que una cultura posee en una época determinada. Para este ejercicio pensaremos no en el héroe del mito clásico o en el superhéroe con poderes sobrenaturales de los relatos de ciencia ficción o maravillosos, sino en un ser, que por haber realizado alguna acción “memorable” ha sido catapultado socialmente a esa categoría. Intentaremos entonces romper con el estereotipo del héroe. Empezaremos a pensar en forma grupal en las siguientes preguntas: ¿puede un héroe tener “puntos débiles” o características físicas y psicológicas que lo alejen de cierto ideal aceptado de fuerza, virtud, moral y belleza? Si los tiene, ¿qué incidencia o importancia tiene esto en la construcción de su imagen? ¿Qué héroes reconocidos han existido en nuestra sociedad? ¿Han perdurado mucho tiempo dentro de esa categoría? ¿Qué rol cumplen los medios de comunicación en la creación y representación de esos héroes?

Para completar este ejercicio es importante preguntarnos: qué entendemos por estereotipo. Pensemos en chistes que conozcan sobre un determinado grupo social, por ejemplo, los más comunes, sobre las mujeres, los gays o los inmigrantes de países limítrofes. Una vez que recopilen varios de ellos, enumeren las características con las que en los chistes se presenta al grupo en cuestión. Ahora nos preguntamos: ¿todos los individuos del grupo que representan los chistes responden a las características enumeradas? ¿Qué otras características tienen que no aparecen en los chistes? ¿Por qué se los presentará así y no de otra manera?

¿Por qué ocurrirá? Cuando determinado grupo social es representado habitual y repetidamente a través de unas pocas imágenes convencionales estamos ante la presencia de estereotipos (pueden ser positivos o negativos). Representar grupos sociales a través de estereotipos es un proceso reduccionista que causa distorsión porque depende de la selección, categorización y generalización de los atributos con los cuales los sectores hegemónicos o mayoritarios caracterizan a determinados grupos. Esto implica hacer énfasis en algunas características y omitir otras. Los estereotipos son portadores de valores aceptados por la mayoría y representan una fuerza muy conservadora, pues el efecto que en general producen es la reproducción de relaciones de poder injustas.

Pensá con tus compañeros de curso ¿qué otros grupos estereotipados conocen? ¿Por qué te parece que los medios de comunicación crean, reproducen y vehiculizan estereotipos de diferentes grupos sociales?

Ahora sí, crea un retrato de un héroe (puede ser “anónimo”), real o ficticio que por haber realizado alguna acción destacable sea considerado de esta manera por vos y/o por un sector de la sociedad. La conceptualización trabajada sobre el estereotipo te servirá para idear un retrato de héroe que no quede sólo supeditado a las características más extendidas socialmente y naturalizadas acerca del “héroe”, como figura que encarna unos atributos positivos por sobre cualquier otro rasgo “humano” perfectible que se aleje de eso.

Tené en cuenta que un retrato es la descripción de una persona o personaje realizada por un observador, donde se seleccionan rasgos físicos, de aspecto y de personalidad. Para hacer el retrato, el observador puede focalizar su mirada en una parte del cuerpo, en una posición determinada o bien puede hacer un retrato de cuerpo entero; puede detenerse o no en características de la vestimenta, y establecer relaciones entre el aspecto físico y la personalidad del retratado. Además, puede relacionar en mayor o menor medida al personaje con el medio en el que se encuentra.

Antes de escribir el retrato investigá ejemplos de retratos de personajes y compará las diferentes focalizaciones realizadas.

En entrevistas?

Estas descripciones se agregan a la entrevista?

Por otro lado, buscá una fotografía donde aparezca retratado tu héroe. Si no existe, dibujalo. Esta imagen complementa tu trabajo de escritura pero éste último no deberá supeditarse a aquella. También la lente de la cámara selecciona determinados aspectos y puede omitir otros. La ilustración, ya sea un dibujo, una pintura o una foto, supone un observador que efectúa un encuadre de la situación que busca reproducir, recortar y jerarquizar esa realidad.

UNA NOTICIA PARA RECORDAR

- Teniendo en cuenta el héroe creado en la actividad anterior, redactá una crónica que de cuenta de una noticia sobre un suceso que lo tenga como protagonista.

- En el capítulo dedicado a este género se brindan las características necesarias que acompañarán tu proceso de escritura.

- Hay que destacar que la noticia es una construcción y que como tal implica una determinada representación de la realidad. Esto supone la selección, el “recorte” de algunos hechos que serán considerados noticia y la exclusión de otros, así como una determinada decisión en cuanto a su jerarquización y tratamiento. Es decir, si esa información se destacará o no por sobre otras y de qué manera se presentará en los medios de comunicación. Para que un hecho pase a ser seleccionado como noticia deberá cumplir con ciertos requisitos de “noticiabilidad”. Por ejemplo, que sea actual, original e imprevisible, que suponga un conflicto, que tenga un grado considerable de importancia y gravedad dentro de una determinada sociedad. También se tendrá en cuenta la magnitud por la cantidad y jerarquía de las personas implicadas en el hecho.

- ¿Se te ocurren otros requisitos? Pensá en las noticias que han sido tratadas durante más cantidad de tiempo en la agenda de los medios y si algunas de ellas han formado parte dentro de una serie de noticias que trataban sobre el mismo tema. Comprobá si se repiten algunas problemáticas, personajes involucrados, escenarios, etc. ¿Qué omisiones existen? ¿Hay diferencias en cuanto a la selección de las noticias y al tratamiento de un medio al otro? ¿Por qué crees que ocurre esto?

- Ahora elegí un medio de comunicación gráfico - real o imaginario - para publicar tu noticia y tené en cuenta el público al cual está dirigido.

- Noticia es un texto breve. Quizás pensás en crónica?

- Decidí qué espacio le otorgarás al tema y cómo lo titularás. Eso sí, el editor es muy estricto con las noticias que decide incluir o no en cada publicación, por eso deberás tener argumentos muy sólidos para convencerlo de la importancia de este suceso. Para ello necesitarás escribirle una carta guardando los requisitos de formalidad necesarios dentro del ámbito laboral y justificarás tu selección, jerarquización y tratamiento de la noticia. Sin modelo, sin trabajo, de la galera?

- Si el asunto es pensar en qué hace noticia a un suceso, será necesario escribir un texto así? Y si fuera un punteo de razones?

-

- Para argumentar, podés verificar si se cumplen algunos de los criterios de noticiabilidad, además de hacer hincapié en el impacto y valor social de la noticia, así como en los elementos más atrayentes de la personalidad del héroe. Acordate de darle los “por qué” más convincentes que encuentres para que tu pedido sea tenido en cuenta.

FOTÓGRAFOS Y COMUNICADORES

El héroe ha sido protagonista de un suceso catastrófico en una ciudad desconocida y ha transmutado en otro ser. Muchas veces, sin llegar al extremo de una situación como la planteada en “La luna roja” quienes viven en una gran ciudad, y también quienes residen en localidades más pequeñas, vivencian situaciones de tensión o problemáticas que se relacionan con un estado de crisis que ocurre en la propia urbe, en el barrio, etc.

Preguntale a las personas que viven en tu mismo sitio qué les preocupa especialmente con respecto a su localidad o con ciertos hechos que se relacionan y se producen en contacto e influencia de ese marco que es la ciudad.

Por otro lado, indagá en los medios de comunicación y verificá si las preocupaciones de los habitantes que has entrevistado se relacionan con los temas que habitualmente seleccionan los medios de comunicación como noticia. Luego, intentaremos determinar, ¿la información de los medios es formadora de opinión pública? ¿Los medios se hacen eco de las preocupaciones generales de los habitantes de la ciudad? ¿La opinión pública es también formadora del significado de los mensajes mediáticos? ¿La opinión pública se encuentra en una relación cruzada y dialógica con los mensajes emitidos por los medios de comunicación? Si esto último fuera así podríamos concluir que las agendas de los medios se construyen en un ida y vuelta con las agendas de la sociedad. Y si no?

Una vez que hayas detectado los temas que son percibidos como problemas más o menos graves que trae aparejados la vida en la ciudad, sacá 10 fotografías representativas de estas cuestiones. Podés recrear situaciones para lograr el efecto y el escenario buscado.

Escribí un epígrafe para cada una de ellas. Tené en cuenta que un epígrafe es un texto breve que contextualiza la foto y resume lo principal de su contenido, direccionando en cierta forma la interpretación y sentido que podrá otorgarle el lector.

Estas fotografías formarán parte del álbum de viaje del héroe y le servirán para explicar dónde estuvo todo este tiempo y por qué tardó tanto en volver. Por tal motivo, deben ser fotografías audaces y representativas de las distintas “hazañas terrenales” que vive diariamente el habitante de la ciudad.

¿Serán estas fotografías realistas del día de hoy un ejemplo de ciencia ficción para este héroe legendario que ha viajado desde tan lejos en tiempo y espacio? Proponé nuevos epígrafes para las fotos, desde la perspectiva del héroe. Su mirada extrañada podrá sugerirle una descripción minuciosa de elementos y situaciones que por ser cotidianas para nosotros tienen un simple nombre o denominación. ¿Cómo nombro lo que nunca conocí ni experimenté? ¿Tendré que utilizar otros contextos de referencia y desde ahí enunciar y construir para presentar lo nuevo? Para resolver este ejercicio deberás imaginar, recrear, relacionar y asociar algunos elementos y situaciones “familiares” para el héroe con otras que no podrán serlo y desde allí volver a renombrar.

Puede mirar un poco el cap de diario en el que felipe explica el efecto de extrañamiento detenidamente

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