Cap. # de XXXXXX de 2011
QUERIDO DIARIO:
Hoy lo he sabido. Mi derrotero por este inabarcable universo de contenidos disciplinares, actividades edificantes, análisis concienzudos y lecturas gratificantes, permítaseme la redundancia, [p1] me pone hoy frente a un nuevo desafío: debo viajar. Se me ha encomendado trasladarme a la lejana ciudad de Diaristán para descifrar algunos enigmas que desvelan las inquietas mentes de mis alumnos.
Espero no lo tomes a mal, pero es mi intención llevar un diario de viaje para registrar todo ese nuevo mundo que veré. Me pregunto si será un cambio demasiado abrupto para vos, querido diario, si son tantas y tan significativas las diferencias entre el diario íntimo en el que escribo ahora y el diario de viaje en el que escribiré en un par de horas, al momento de partir, dado que físicamente serán el mismo Diario.
Y es que, bien sabes, la práctica de la escritura secretista es algo a lo que estoy habituado, es otra la escritura cuando el destinatario es el autor mismo. Es más un ejercicio de la memora, una práctica de la confesión. Recuerdo que Alan Pauls decía en Cómo se escribe el diario íntimo que “el diario, género al parecer despreocupado por las formas, es capaz de todas las libertades (“todo le conviene: pensamientos, sueños, ficciones, comentarios acerca de sí mismo, acontecimientos importantes o insignificantes”)” y precisamente porque autor (la persona real escribiendo el diario), narrador (la “voz” del texto, esa persona que existe en el texto y lo narra) [p2] y lector (el que lee efectivamente ese texto) son el mismo es que puede darse libertades que no se pueden conceder cuando el texto está destinado a otra persona, distinta de uno.
Digresión: Roman Jakobson – Funciones del lenguaje
Recuerdo aquellas tardes de estudio dedicadas a interpretar ese modo sinóptico de teorizar sobre el lenguaje que tenían nuestros docentes. Fútbol por la radio, varias mediatardes entraban en una sola tarde, por matemáticamente complejo que parezca esto, para ayudar a pasar los sistemas conceptuales que daban cuenta de lo que debía ser el conocimiento. Llegué a repetir de memoria lo siguiente, que, por cierto, todavía soy capaz de repetir[p3] : “Roman Jakobson, teórico del formalismo ruso, dedujo que operan sobre el lenguaje una serie de funciones al momento en que un hablante hace uso del mismo. Éstas son seis funciones diferentes categorizadas de acuerdo al factor comunicativo (aquel esquemita con un emisor, quien emite un mensaje, que es recibido por un receptor, en un contexto, a través de un canal y haciendo uso de un cierto código) sobre el que prevalece. La función es referencial[p4] cuando el énfasis está puesto sobre el emisor, conativa cuando está en el receptor, referencial cuando está en el contexto, fática cuando sobre el canal de comunicación, metalingüística cuando refiere al código, al lenguaje mismo y poética cuando el énfasis está puesto en el mensaje.” Pienso que no carece de lógica ésta estructuración de la reflexión lingüística, en todo caso. [p5] Aunque esquemática, permite al menos recordar, como si fuese una mnemotecnia, una secuencia que de otra manera olvidaríamos. [p6]
ACTIVIDAD: inventá una oración para cada caso, en la que haya una función predominante.
Sigue Alan Pauls: “Se escribe un diario para dar testimonio de una época, para confesar lo inconfesable, para “extirpar la ansiedad” (Kafka), recobrar la salud, conjurar fantasmas, para mantener entrenados el pulso, la imaginación, el poder de la observación… ¿Y si todo ese variado repertorio de funciones se redujera a una sola fórmula, arcaica pero eficaz: conocerse a sí mismo?”.
Como decía al principio, el destinatario es uno mismo, aunque a veces se lo llame “querido diario” y se haga como que uno escribe al diario mismo. Katherine Mansfield, escritora neozelandesa, escribió un diario durante los 12 años que duró su enfermedad y en él hablaba consigo misma. Recuerdo un fragmento:
“11 de julio - 1908
Hay tanto que hacer y hago tan poco. Aquí la vida casi sería perfecta si siempre que pretendo trabajar lo hiciese de verdad. Fíjate en los cuentos y cuentos que sólo esperan un toque... Mañana. Pero fíjate en esta mañana, por ejemplo. No tengo ganas de escribir nada. Hace un día gris, plomizo, triste. Los cuentos parecen algo irreal, algo que no vale la pena escribir. No quiero escribir; quiero vivir. ¿Y qué quieres decir con eso? No resulta fácil explicarlo. ¡Ves, ya volvemos a estar en lo mismo!".
En el prólogo al Diario de Mansfield, Virginia Woolf siente que “Tenemos la impresión de estar contemplando una mente que se halla a solas consigo misma; una mente que piensa tan poco en su público que de vez en cuando recurre a una especie de taquigrafía particular, tal como acostumbra a hacer el pensamiento en su soledad, se divide en dos y habla consigo misma”.
Y allí en el Diario se ve, Mansfield dice “fíjate” hablándole a quién sino a sí misma. Los giros, rodeos, las ideas inacabadas no suelen tener lugar en la literatura pero son perfectamente bienvenidos en la escritura del diario íntimo porque uno se puede sentir plenamente libre de escribir para uno mismo sin temer la incomprensión.
Distinto es en el caso del diario de viaje, porque ya no se escribe sólo para uno mismo, por lo tanto existe una cierta exigencia de cohesión. Ya no es un diario de confesión sino un diario de observación. Desde el punto de vista de la temporalidad, el diario selecciona un suceso temporal acotado (lo ocurrido en un día o en parte de un día), una anécdota, una impresión o la combinación de éstas. Desde el punto de vista de la enunciación, es uno de los géneros del yo, es decir escrito en primera persona, en el que aparecen deícticos espacio-temporales del aquí y el ahora.
Digresión: deícticos
Digo “deícticos” y mi memoria viaja directamente a mis años de estudiante, cuando todo debía ser estructurado en términos que conformasen un sistema preciso, cuyas relaciones evidenciaran el sentido geométrico del universo que expresa la formación formalista[p7] , si valiese la redundancia, a la que nos sometimos. Diagramática, podría llamársele. Allí debíamos definir cada cosa, saber algo era saber definirlo. Entonces, cualquiera podía decir que deícticos[p8] son palabras que ponen en evidencia la perspectiva del enunciador porque señalan la posición gramatical en que éste se presenta (1° o 3° persona, singular o plural) y las circunstancias espacio- temporal en que se produce el enunciado o que se pueden clasificar en deícticos de persona (pronombres personales y posesivos, desinencias verbales que expresen la persona gramatical), de tiempo (desinencias verbales que expresen tiempo (presente – pretérito – futuro) y aspecto (perfectivo e imperfectivo) y adverbios y frases verbales) y de espacio (adverbios y frases verbales) y verbos en movimiento. Pero, ¿y la reflexión? ¿Será que cuando Katherine Mansfeld se dice a sí misma “fíjate” está cometiendo un error?
ACTIVIDAD: ¿Hay deícticos en el Diario de Katherine Mansfield? ¿Podés decir, en caso de que hubiere, por qué te parece que son deícticos? Y si no hubiera ninguno, probá introducir tres, modificando las oraciones levemente.[p9]
Vuelvo de la digresión. Decía que lo interesante del diario de viaje es que el sujeto narrador está en una situación espacial infrecuente, cuando no completamente nueva. Es por ello que el nuevo entorno será un manantial de material de escritura, impresiones, anécdotas, etc., como dije más arriba. Me viene a la memoria un pasaje de Sarmiento, Domingo Faustino, claro está, quien escribió un diario de muchos de sus múltiples viajes por el mundo. El que recuerdo está fechado en el 4 de septiembre de 1846 en París, a su llegada.
“Sólo en Paris también, el extranjero es el dueño, el tirano de la ciudad. Museos, galerías, palacios, monumentos, todo está abierto para él, menos para el parisiense, a toda hora y en todos los días. Mostrar su pasaporte a la puerta es mostrar un firman ante el cual se quita el sombrero el conserje. Diga Ud. el mayor desatino: poisson (pez gordo) por poison (veneno), veau (ternero) por beau (bello),y ningún músculo de la fisonomía de un francés se agitará, porque el extranjero no está obligado a hablar bien su idioma; y no ha mucho que uno de mis amigos, molestado en un lugar siniestro por una turba de ebrios en andrajos: ¡Cómo! les dijo apurado, ¿esto se hace con un extranjero en París? ¡Infames! Los beodos al oír la palabra “extranjero”, empezaron a deshacerse en excusas y protestas, lo acompañaron en silencio hasta mejores parajes y se despidieron confundidos y humillados. Yo sabía, me decía, que esta era mi única tabla de salvación; haga Ud. lo que quiera en París y diga que es extranjero. Y en efecto, de palco en palco y hablando perversamente el francés, logré no ha mucho en una gran revista que se daba a Ibrahim Pachá en el campo de Marte, acercarme hasta el que ocupaba la familia real.”
Al evocar las costumbres de otros pueblos, las conductas de otras ciudades, de otros tiempos, los autores de diarios hacen un uso exhaustivo de la descripción. Pero la descripción no será puramente denotativa, es decir, aquella en la que prima una función referencial, sino que también habrá lugar a la descripción connotativa, donde el autor no se limita a describir lo que observa sino que también describe sus impresiones y donde predomina la función poética. [p10] Lo importante es que el autor se corre del lugar de habitualidad y ese “extrañamiento” puede volverse el motor de la escritura. Viktor Shklovski, un teórico del formalismo ruso, fue quien desarrolló el concepto de extrañamiento como procedimiento de escritura, a partir de la idea de que “el propósito del arte es el de impartir la sensación de las cosas como son percibidas y no como son sabidas (o concebidas). La técnica del arte de "extrañar" a los objetos, de hacer difíciles las formas, de incrementar la dificultad y magnitud de la percepción encuentra su razón en que el proceso de percepción no es estético como un fin en sí mismo y debe ser prolongado. El arte es una manera de experimentar la cualidad o esencia artística de un objeto” y lo que brinda el viaje al escritor [p11] es ese corrimiento de lo habitual, la novedad obliga a mirar los objetos alrededor con otra atención, menos automáticamente.
Se me ocurre que al hacer esto que hago, escribir un diario personal, sobre mis propias reflexiones, mis días, mi habitualidad, me obligan a buscar en ese mundo cotidiano [p12] una visión irregular, algo que me mueve a escribir, o a querer conservar por escrito un recuerdo, hacer uso de una memoria externa. Lo mismo con el viaje, es una manera de guardar lo visto con un cierto grado de frescura, quizás.
Un recuerdo, un proyecto, un descubrimiento, una curiosidad, una reflexión, todas cuestiones que veo aparecer en los dos fragmentos de diarios que han acudido a mi mente. Si bien parecen ser tan diferentes en algunos aspectos, son, en esencia, la misma cosa. La división del diario en jornadas da cuenta de esa temporalidad, a su vez. Cada entrada del diario, cualquiera sea este, está estructurada de la misma manera, el estilo epistolar, el formato de la carta: la fecha alineada a la derecha, un encabezamiento y el cuerpo del texto. Hay diarios personales, lo he visto suceder, que tienen incluso despedida y firma, como si cada entrada fuese una carta al yo de la posteridad, o al menos de un futurito cercano. Pero no es mi caso.
Quería decir que tanto este diario que escribo ahora como el que escribiré en horas, al partir en viaje, son de naturalezas semejantes en el sentido en que son formas de la autobiografía, aunque de escritura instantánea, introspectiva y fragmentaria.
ACTIVIDAD: haciendo uso de la técnica del extrañamiento de Shklovski, probá escribir una entrada a un diario de viajero [p13] propio que describa el trayecto de la escuela al hogar o del hogar a la escuela.
Pienso, a partir de este parentesco que tienen los diarios con la autobiografía en cómo han impregnado las nuevas tecnologías, como internet, la idea del diario. Creo que el caso paradigmático es el de los blogs, una nueva versión del diario, tanto íntimo como de viajes. Es que es una época esta en la que todos disponen de un canal para publicar libremente lo que quieran, donde puede hacerse uso no sólo de textos sino acompañarlos con otros formatos de información, como son fotos, videos música o simplemente sonidos, entonces estamos frente a un nuevo giro de exaltación del yo, como pasó durante el Romanticismo. De hecho, la práctica del diario íntimo fue muy popular durante el Romanticismo. Recién hace veinte años (he aquí un deíctico) que internet se popularizó y ya hace diez al menos en que cualquiera puede acceder a un blog y escribir libremente, mantener un diario online. Podemos decir que estamos volviendo[p14] en algún aspecto al Romanticismo, a partir de esta práctica de escritura en la que la necesidad de expresar está en primer plano, y donde es complejo establecer los límites entre público y privado por la sencilla razón de que ofrece un formato similar al del diario (encabezamiento, fecha, firma, etc.) a la vez que lo propone para ser publicado para todo el que tenga acceso a internet.[p15] El concepto de lo íntimo puede estar en relación tanto con lo privado como con lo público y el hecho de que existan diarios que son publicados en vida de su autor es una prueba, creo yo (¿y eso? ¿deíctico?). Así fue que el Romanticismo surgió como un movimiento artístico en oposición al racionalismo de la Ilustración, como una manera de sentir y concebir el mundo en la que éste elemento, la exaltación del yo, estuvo muy presente. El racionalismo planteaba una lógica absoluta, universal, que excedía a cada individuo para ubicarse allá encima de todos, y la reacción fue un movimiento que, al sentir esa “Verdad” lejos del hombre, la buscaron dentro del hombre, en un sentido espiritual, claro está. No abrieron a nadie, al menos con tales fines, según haya registrado en diario ninguno. Y así fue también que a la fecha, doscientos años después, se vuelve a la práctica del diario, nuevamente como una vía de comunicación desde la soledad. La soledad doméstica de aquella era, la soledad virtual de la nuestra.
Pero en mi viaje sólo llevo una libreta, una valija con diez libros y ninguna computadora, por lo que no habrá blog de viajero sino que optaremos por un estilo más arcaico.
Ya está siendo hora de partir, se acerca, mi querido diario, o debería decirle diario, se acerca tu metamorfosis. Y allí volveremos al formato más arcaico del diario. Aunque, pensando mejor, creo que son más los rasgos comunes que las particularidades. En todo caso, ¿qué tanto puede convertirse un diaryo? Virginia Woolf acude a mi mente:
“Me interesaría mucho que este diario llegara a convertirse en un diario de verdad. Pero para eso haría falta que yo hablara del alma, y ¿no me prohibí hablar del alma cuando lo empecé? Lo que sucede es que, como siempre, cuando me dispongo a escribir sobre el alma, la vida se interpone.".
Es, en todo caso, el diario el que nos cambia a nosotros, el que nos ayuda a ponernos a una cierta distancia del mundo, a observarlo con esa mirada de extrañamiento que agita nuestra percepción de las cosas. El mismo Shklovski decía que la función del artista es llamar a la insurrección de las cosas, y la mirada de quien escribe tiene esa distancia, elige las palabras, cuenta de una forma, tiene vida propia como voz, como vos.
El 13 de noviembre de 1921, Katherine Mansfield escribió en su diario:
“Perdiendo tiempo. El viejo grito… el primero y el último grito: ¿Por qué te demoras? Mi más profundo deseo es ser una escritora, tener ‘un cuerpo de trabajo’ hecho. Y allá está el trabajo, allá me esperan las historias, se cansan, se marchitan, se desvanecen, porque yo no voy. Y las oigo y las reconozco, y sin embargo continúo sentada ante la ventana, jugando con la pelota de madera. ¿Qué se debe hacer?
Debo hacer otro esfuerzo, de inmediato. Debo empezar todo de nuevo. Debo tratar de escribir simplemente, completamente, libremente, desde mi corazón. ‘En calma’, sin que me importen nada el éxito o el fracaso, sino siguiendo.
Debo llevar este libro para tener un registro de lo que hago cada semana. […] Y en especial mantener el contacto con la vida… con el cielo y esta luna, estas estrellas, estos picos fríos y cándidos”
Mi esperanza es entonces poder lograr páginas sinceras, simples, completas en que se registre mi pronto viaje. Allá voy, entonces.
ACTIVIDAD: Observá la imagen (ahí iría un cuadro que adjunto en otro archivo, El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar Friedrich) y escribí una hoja de diario del viajero.
Si preferís escribir una entrada de su diario de viaje, escribí entonces lo que imaginás que escribiría el viajero atravesando el mar de nubes.
[p1]Cuál es la redundancia?
[p2]Habría que ver si el diario como género tiene narrador…
[p3]Ingenioso el truco.
Pero para qué está el resumen del circuito?
Es un repaso? Para qué se repasa? Para hacer unas oraciones?
Si es algo que hay que aprender…que hacemos con esa lista de nombres incomprensibles?
[p4]no
[p5]¿? Ese modelo no responde a la estructuración de la reflexión lingüística
[p6]Lindo el acertijo. Lo que falta es saber para qué tendríamos que recordar esto.
[p7]Estructuralista?
[p8]Estas cuestiones llegan con la teoría de la enunciación
[p9]Es un ejercicio de reconocimiento. Nada más.
Qué pasaría si se propusiera otra situación de enunciación? Alguien le cuenta a alguien lo que leyó en el diario?
[p10]Por qué sería poética?
[p11]Habría que ver. Porque la mirada no está automatizada precisamente por el cambio de contexto.
[p12]Ahí el extrañamiento está más claro!
[p13]Viajero de lo cotidiano: ahí sí funcionaría el extrañamiento
[p14]¿?
[p15]Esa masividad hace una diferencia importante!
[p16]Cómo nos damos cuenta de qué es lo que resulte?
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