jueves, 2 de junio de 2011

un cuento fantástico: el manual que poetiza


Quiero contar lo que ví ¡Fue algo fantástico! Estaba a punto de escribir en mis memorias que me encontré con un manual tirado en el suelo en medio de una expedición, cuando de golpe, el manual se dirigió hacia mí y se puso a poetizar lo siguiente:

Mi

editorial

es

Métodos,

y

mi

autor

Oscar Fernández.

Soy

de

Lengua y

Literatura

3.

Envío,

a través

de

mis

páginas

de oro,

un

mensaje

para el alumno

y para el docente:

“Estoy
formado

por dos

grandes partes…

Independientes

entre

sí”

Por un lado,

quiero que

el

alumno

lea

y hasta

comprenda mis saberes.

Quiero

que el

alumno

descubra

mis ideas

y

relacione

mis conceptos.

Mi

Primer

mitad

es

un “Marco conceptual”.

Oh literatura,

¿Que

sería de mi

primer

mitad,

sin la inteligencia

del alumno?

¿Qué sería de mi

marco conceptual

sin

el subrayado,

la sinopsis,

y los esquemas

de

aquellos

que hacen

lo que

en mí

no está

completo?.

Es como decía

Alvarado:
¡Qué buen

vocabulario!
¡Qué gran

sintaxis!

¡Qué excepcional

manejo del punto

y coma

que

hay en mi

primer

mitad!

Pero eso sí:
Todo

es

uniforme.

Quiero

evaluar,

en

esas

conservadoras

unidades,

el grado

de

adherencia
al

conocimiento

que enseño.

Alumnos,

limitense,

con su tenacidad,

a demostrarme

que saben

lo que

les

he

dicho.

Vuelquen sus

palabras

en

mi

papel

con suma

precisión.

Repitan,

pero no

traicionen.

Quiero

transmitir

un

patrimonio

que

por

derecho

se

impone

a

todos.

Por eso,

en las unidades 1,2,3,

hablo de la producción oral.

La conversación,

y el

discurso

son

fundamentales.

La descripción, la

gramática,

el estudio sistemático

de la lengua

también.

Además

pongo el acento

en la

oración

y su estructura.

Hasta que

se asoma

la mejor

parte: LA NORMA.

Se me

hace

agua

la boca

con la Real

Academia

Española…

Me pongo

a

exponer

sin parar

sobre

la lengua

expresiva,

informativa,

y apelativa.

Las

circunstancias

socioculturales son

como amapolas.

Hago un combate entre

la lengua literaria

y la lengua informativa.

Llego incluso a mi

palabra

favorita: el verbo.

¡Oh si!

En el principio era el verbo y era en Dios y el verbo era Dios…

Y acá el verbo no es lo primero,

Pero es

igual

de importante

¡y distinguido!

En mis unidades 4, 5, 6, 7 y 8

hablo

de

los géneros

literarios:

La bella lírica,

la

prosa

y la poesía.

El relato,

la narración.

Lo directo

y lo indirecto.

El cuento,

la exposición,

la novela,

e incuso la monografía.

La obra

dramática y sus

partes…

Pero todo sin dejar de lado (¡jamás!)

el estudio

de la lengua

con sus

proposiciones adverbiales condicionales,

concesivas, consecutivas y

¡más!.

La lista puede

ser

interminable.

Porque no

hay texto

sin reglas.

Y porque

intento

que

no se duerman

todos en los

laureles…

He aquí mi segunda parte:

“Materiales

para el trabajo

creativo”.

Allí hay

8 unidades

que

van de la mano

con las

de mi primer

mitad.

Notas periodísticas, juegos,

preguntas, acertijos, cuadros,

fragmentos para completar,

poesías, avisos, cuentos,

¡Hay de todo!

Para que el profesor

y los estudiantes

vivan

la literatura

como un desafío.

Que esos

chicos

escriban

porque es una

herramienta

cultural.

Quiero

que haya

invención.

Pero sin mi

primer

mitad

no

sería

posible
porque

no

hay salto

sin

trampolín.

Yo tuve

muchos

familiares

que fueron

manuales

estrictos,

pero ahora,

después

de

los

hippies,

nunca

nada

volvió a ser igual.


Una parte de mí quiere

sentir la creatividad,

la espontaneidad,

y la libertad.

La moral

del

deber

contra la moral del placer…Ambas me conforman.

Conforman

esto que

soy.

Quiero

repetir, pero

quiero transformar.

En esta segunda parte

incorporo

lecturas que no están

sancionadas por

una institución

que las legitime.

Pero quiero

demostrar

que la lectura

no

legitimada

es

una

lectura

igual.

Porque

un lector que

lee

el diario,

es

un lector

en fin.

Muchas veces me pregunté

¿quién me lee

en efecto?

¿Sos vos

o que parte de tí?

Mis lectores son viajeros.

Y los docentes

que

no saben

jugar,

tienen la posibilidad

de

conseguir un libro con

sugerencias

metodológicas

que está de oferta

para todo

el país.-

Ese fue el fin de su poema. Yo, asustado, corrí en busca de mi birome para anotar cada palabra que el manual me dijo. Supe que nadie me iba a creer lo ocurrido.


gabriela

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