El simulador
-¿Cómo se escribe una carta?
Sintió que una pequeña gota de sudor comenzaba a rodar lentamente por su sien derecha, y recordó automáticamente aquella mañana lejana, en la que se levantó temprano y se decidió a repartir copias de su curriculum vitae…
…El reloj sonó a las siete treinta por primera vez en seis meses. La acumulación de deudas, el escaso dinero en su cuenta bancaria y una alacena, que sólo guardaba un paquete de galletitas empezado y una lata de conservas, lo impulsaron a retomar una actividad abandonada meses atrás.
Se levantó cansado, reteniendo aún en su memoria imágenes confusas de un sueño que no podía recordar, pese a su esfuerzo, un sueño que le dejaba una leve sensación de escalofrío.
Se duchó, se afeitó y se vistió, recordando un ritual matutino casi olvidado.
Minutos más tarde salió a la calle con un par de curriculums en el morral…
…-Profesor…¿cómo se escribe una carta?-volvió a escuchar.
-Ehhh- la cabeza le daba vueltas- una carta…yo no les mandé hacer una carta, les dije que hicieran las actividades de las páginas 180 y 181. Vamos, tienen media hora.
-Por eso, una de las actividades es esa, hacer una carta.
-Claro, el manual dice:”a) Redacten una carta en la que Sherlock Holmes le responde a Tobías Gregson. Elijan entre las siguientes opciones:
-El detective no acepta participar del caso y expone sus argumentos, entre los cuales se encuentra la falta de reconocimiento;
-Holmes acepta asistir a Gregson y Lestrade, siempre y cuando le reconozcan sus méritos;
-El detective no acepta intervenir en el caso, pero brinda algunos consejos para resolverlo.”
- Relean los capítulos anteriores, allí deben estar los pasos a seguir para hacer una carta. Las partes…el encabezado…de mi mayor consideración, los dos puntos y listo. ¡¡¡Ahh!!!y la fecha, la fecha arriba a la izquierda…busquen, busquen en el manual. Si da esa consigna debe haber un modelo.
-No profe, ya revisamos el índice, en ningún lado está cómo hacer una carta.
-¡¡¡Mmhhh!!!bueno, salteen esa consigna. Hagan lo que sigue.
Se sintió mal, culpable. Recordó cuando él era alumno y La de historia le tomaba lección. Esa vieja…volvió a sentir la vergüenza de ser observado por todos, el peso en el estómago y, por sobre todo, esas ganas irrefrenables de salir corriendo por la puerta hasta llegar a la calle.
Se sentó en su escritorio y agarró con bronca el Manual de Lengua y Literatura de octavo año de Estrada. Tenía ganas de partir al medio ese maldito libro que se suponía debía sacarlo de problemas pero que, en definitiva, se los sumaba. Lo abrió, miró el índice, y pudo notar que tenía diez capítulos, cada uno de los cuales trataba un género literario distinto. Pudo leer: capítulo 1 “El mito clásico”, 2 “La leyenda”…,9 “El teatro” y 10 (último capítulo, era en el que se habían quedado con la profesora titular) “La novela policial”. A eso se le sumaban dos anexos: uno de Normativa y otro de Antología Literaria.
Al observar con mayor detenimiento descubrió que en cada capítulo había:
-Una “lectura” o texto perteneciente al género tratado en cada sección;
-una breve definición teórica que explicaba las características generales de cada género;
-una parte con sintaxis, que iba incrementando su complejidad a medida que iban avanzando los capítulos;
-un apartado bajo el título de “Trabajo práctico”, en donde se proponía la lectura de un texto con algunas preguntas de comprensión y luego la elaboración de producciones escritas- sección en la cual se encontraban actualmente trabajando “sus alumnos”;
-una última parte,“otros textos”, que concluía cada capítulo con la explicación de distintos tipos de discurso: el artículo de enciclopedia, la crónica periodística o la reseña crítica, texto con el que debería trabajar próximamente, si continuaba utilizando el manual.
Miró la hora y notó que habían pasado veinte minutos. Levantó la vista y pudo ver que los chicos charlaban, se tiraban papelitos o dibujaban. No parecían estar resolviendo nada.
-Bueno, bueno, silencio…¿ya están terminando, no?- los chicos bajaron la vista y el volumen de sus murmullos.
-A ver- dijo tratando de elegir alguno y decidiéndose por un gordito de anteojos- leé lo que pusiste.
-Mmhh, no lo pude hacer…
-¿Qué? Bueno, entonces vos, el de rulitos.
-Yo tampoco lo hice.
-¿Quién lo quiere leer?¿nadie?
-Yo no entendí-
-No sé qué es campo semántico.
-¿Campo semántico? yo no les…¿lo pide el manual, no? A ver, dejame leer:
“2) Marquen en la carta todas las palabras o expresiones que se relacionen con el campo semántico del crimen y la investigación.”
-El campo semántico ya deberían haberlo visto con su profesora, no voy a volver a explicarlo porque nos atrasamos mucho. Mejor anoten: Composición, tema dos puntos “Qué hice en mis vacaciones”. Me lo entregan al terminar la clase.
-Pero profesor, estamos en octubre, ya ni me acuerdo qué hice en mis vacaciones.
-No me importa, lo inventás…¡¡¡Ahh!!! Que sea de por lo menos quince renglones.
Se sentó apesadumbrado recordando lo mucho que odiaba esas tontas composiciones que le pedía su profesora de lengua en el pasado, cuando ya sabía que terminaría abandonando el colegio para empezar a trabajar. Trabajar, esa palabra le retumbó en la cabeza. Trabajar, si no fuera por la falta de trabajo, por la cantidad de entrevistas en donde siempre escuchaba como frase de despedida :” Lo vamos a llamar”, frase hueca y falsa que solo significaba exactamente lo contrario…si no fuera por eso en este momento no estaría allí, simulando ser quien no era, simulando tener un título que no tenía y tratando de tapar el sol con un dedo, al querer escudarse en un libro que poco lo ayudaba en el intento de dar una clase, o de hacer leerla, mejor dicho.
Pensó que quizás debería llamar a la preceptora para que se quedara con los alumnos, mientras él se dirigía a la dirección y confesaba que todo había sido un error, un tocar el timbre en el lugar equivocado…
…Recordó cómo ese martes había recorrido varios lugares antes de llegar a la puerta del colegio. Con solo dos curriculums en sus manos, tocó el timbre pensando que quizás necesitaban un portero o alguien de limpieza en ese colegio privado tan grande. Entonces se abrió la puerta y una mujer, la preceptora, lo recibió con una expresión de alivio, diciéndole que pensó que no vendría. Lo condujo apresurada al aula siete, sin dejarlo explicar nada, pero llenándole de datos su cabeza con frases como: son buenos chicos, hay que manejarlos con mano dura, después le traigo el manual con el que trabaja la profesora Hernández, están por el capítulo diez…cuando se quiso dar cuenta, estaba solo frente al grupo de octavo año…
… Si no fuera por la acumulación de deudas, por el escaso dinero en su cuenta bancaria y por la alacena que sólo guardaba un paquete de galletitas empezado y una lata de conservas, no hubiese seguido adelante con esta simulación…pero…rrrííínnnnggg. Con la campana el aula quedó vacía.
Esa noche se entretuvo leyendo todo el manual, para no volver a pasar por la equivocación de confiar ciegamente en él. Lo leyó y se dio cuenta de que había muchas consignas que no eran claras o que pedían cosas que no habían sido explicadas anteriormente en el libro ¿cómo se suponía que los alumnos podrían resolver algo que nunca se explicó? Era lógico que los chicos no hubiesen podido llevar a cabo las consignas esa mañana.
Fue directamente al capítulo 10, capítulo en el que se encontraba trabajando en clase con su predecesora y comenzó a analizarlo minuciosamente:
en cuanto al verosímil del relato…¿no resulta poco creíble que el personaje que no terminó la secundaria tenga las categorías de análisis que vienen a continuación además de una bibliografía especializada en su cabeza?
aparte de esto (que me parece interesante para discutir) el análisis aclara cuestiones que nos vendrán muy bien cuando pensemos en nuestro manual.
Capítulo 10 “La novela policial”, que comenzaba con una breve descripción del policial de enigma, nombrando a Poe como uno de los precursores en este tipo de relatos con cuentos como “La carta robada” o “Asesinatos de la calle Morgue”. A esa especie de definición del género se le adosa un apartado (Claves para leer el Estudio en rojo) nombrando allí por primera vez elementos de este tipo de relatos: un enigma, un detective, pistas y un ayudante.
Leyó que “Estudio en rojo” es una novela en donde Sherlock Holmes es el detective. A partir de esto lo que proseguía era la lectura de un fragmento “Estudio en rojo” (Escarlata). Leyó estos fragmentos y no se sintió a gusto. La historia, así fragmentada, carecía de gracia. ¿Acaso no hubiese sido mejor que en el manual pusieran algún cuento policial corto o una mejor fragmentación?
Inmediatamente leyó las consignas que seguían al cuento en las que se pedían escribir los adjetivos para definir la personalidad de Holmes; buscar el tiempo verbal predominante en la descripción física de Holmes para reescribirlo en presente del indicativo; buscar en el diccionario la palabra deducir para ubicar después en el texto la deducción hecha por Holmes. Por último, se pedía subrayar las palabras que se usaban para conectar ideas o hechos.
Se quedó sorprendido por ver que de la lectura se pasaba directamente a proponer consignas relacionadas con las clases de palabras (adjetivos, verbos, conectores) en lugar de proponer preguntas de comprensión de texto primero. Bueno, al seguir leyendo encontró esas preguntas que había esperado, pero más alejadas del texto y varias de ellas tenían una pregunta como: “¿Qué actitud de Holmes le llama la atención a Watson?” y se otorgaban tres posibles respuestas, de las cuales en alumno debía decidir cuál sería la adecuada; después ordenar cronológicamente alguna secuencia del fragmento y por último se proponía que los alumnos escriban. En este momento, el alumno debía narrar “…un encuentro entre ustedes y un Sherlock Holmes anciano, en el que se produzca un diálogo que rememore alguna de sus aventuras”. Bueno, eso no parecía tan fácil-pensó- pero por suerte había algo positivo: se proponían unas preguntas que orientaban esa producción escrita:¿dónde encuentran al detective?¿por què? ¿para qué? ¿qué características mantiene el personaje y/o cuáles ha perdido? ¿qué aventura desean comentar?¿cuál ha sido su último caso?¿qué ha hecho durante todo ese tiempo?¿qué hará de ahora en adelante? Estas consignas “…al acotar, permiten que la imaginación se canalice y se concentre en una dirección, potenciando sus efectos.”[1]
Igualmente pensó si realmente en esta consigna los alumnos lograban apropiarse de la teoría dada para transformarla en un conocimiento propio[2]. En realidad, creía que solo se repetía el modelo y nada más. Reflexionó sobre esa última propuesta y se dio cuenta de que no sabría cómo corregirla ¿En qué se debía fijar? ¿en la originalidad de la historia? ¿en la acentuación?¿en las faltas de ortografía? ¿cómo calificarlos? Estos interrogantes son los mismos que se plantearon muchas veces los profesores de Lengua, razón por la cual si bien los textos que pertenecen a la invención “…tienen la ventaja de resultar más atractivos a los chicos, porque les permiten proyectar sus fantasías en tercera persona, y porque a través de ellos juegan a arreglar y desarreglar el mundo según sus deseos”[3] , cuando los docentes los tienen en sus manos, no saben qué hacer con ellos, por lo que se limitan a corregir problemas de cohesión y/o coherencia y nada más.
Tomó el manual, tachó las consignas que remitían a formatos no explicados con anterioridad, bajó alguna información por Internet sobre la novela policial y armó una especie de clase para presentar dos días más tarde a los chicos.
qué repone esto que no esté acá:
Capítulo 10 “La novela policial”, que comenzaba con una breve descripción del policial de enigma, nombrando a Poe como uno de los precursores en este tipo de relatos con cuentos como “La carta robada” o “Asesinatos de la calle Morgue”. A esa especie de definición del género se le adosa un apartado (Claves para leer el Estudio en rojo) nombrando allí por primera vez elementos de este tipo de relatos: un enigma, un detective, pistas y un ayudante.
y cómo investigaría en internet este personaje?
(en una situación semejante estaba el personaje de jack black en escuela de rock…entraba (por medio de un engaño, en esto es diferente a tu personaje que solo aprovecha una confusión) a una escuela privada súper top y de niños altamente incentivados para el estudio sistemático como maestro. no sabe nada de enseñar, por supuesto, entonces les enseña rock, que es lo que sabe, y arma una banda. me parece interesante para comparar porque en la peli es evidente que existen unos saberes especializados que este personaje no tiene y con los que no se mete. los cambia directamente por los que maneja y que no constituyen la currícula tradicional de la escuela o, lo que es decir más o menos lo mismo, un saber legítimo)
Esos dos días pasaron con rapidez y se vio nuevamente frente a la puerta del Colegio San Miguel tocando el timbre. La puerta se abrió y volvió a encontrarse con la preceptora, pero en esta ocasión la expresión de su rostro no era de alivio, muy por el contrario...le dijo que el Rector lo esperaba en su oficina. Una hora más tarde estaba frente a otra puerta, esta vez la de su departamento. Si alguien hubiese estado allí lo podría haber visto entrar con pesadumbre, sacarse el morral, abrirlo, sacar unas hojas impresas dos días atrás y tirarlas al tacho de la basura.
(al personaje de la peli también lo echan, pero se pone una academia alternativa)
Bibliografía
-Alvarado, Maite y Cortés, Marina, “La escritura: repetir o transformar”, Lulú coquette, Revista de Didáctica de la lengua y la literatura, Buenos Aires, El Hacedor, Año 1, Nro 1, septiembre de 2001.
-Alvarado, Maite, “Escritura e invención en la escuela” en AAVV, Los CBC y la enseñanza de la lengua, Buenos Aires, AZ, 1997.
***Manual de Lengua y Literatura de octavo año, EGB3 de Isabel Vassallo, Silvia Seoane, Laiza Otañi, Susana Artal, María Teresa Forero, María Fernanda Cano, de editorial Estrada.
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