miércoles, 8 de junio de 2011

asunto del mail: el fantasma de las didácticas futuras


Estimada Profesora:

Le escribo este mail con motivo del trabajo práctico que hay que entregar hoy a la tarde como mucho. Ya sé que usted nos pidió que lo escribiéramos en cualquier género, menos “trabajo práctico”, pero usted me entiende a lo que me refiero. Yo tenía toda la intención de hacerlo.

Voy al punto: no pude hacer el trabajo. Lo tenía todo en la cabeza, hasta la última coma. Ya tenía elegido el manual, el Santillana III, “Lengua y Literatura”, Prácticas del lenguaje (Bs As, Ed. Santillana, 2010). Un muy lindo manual, por cierto, completo de actividades, colores y definiciones. Pero no sabe lo qué me pasó.

Antes de continuar le quiero decir que voy a dejar la materia y el profesorado.

Sí, ya es una decisión tomada. La semana pasada le dije lo mismo a la profesora Bibbo porque en una de las observaciones para las prácticas vi a unos alumnos que se hacían señas como si estuvieran tomando droga, no sabe lo mal que me hizo. Pero eso fue una anécdota comparado con lo que me acaba de ocurrir ¿Usted cree en Dios?

Va a pensar que estoy loco. No dude que también yo lo pienso y por eso va a ser mejor que abandone la carrera. Quizás, si no lo hubiera dejado para último momento, esto no estaría pasando, pero es lo que tenia que pasar para que no tome una decisión equivocada. Ya no sé qué pensar…

Hoy a la tarde, después de trabajar, decidí faltar al profesorado y volver a casa para hacer el trabajo. Cuando llegué tenía mucha hambre porque había almorzado temprano y habían pasado ya varias horas de ese momento. Así que lo primero que hice cuando llegué a casa fue atacar la heladera, específicamente unas porciones de muzzarella que mi amiga (con quien vivo) había traído de no sé dónde. Yo las sentí un poco fuerte, como saladita, pero tenía tanta hambre que me las trague casi sin masticar. Para qué… Después de comer me puse a acomodar brevemente cosas en casa, para sentarme a tipear el trabajo, cuando me empecé a sentir mal, cada vez más mal, hasta que sentí que transpiraba casi como si tuviera fiebre. También me empezó a doler la cabeza y me vino como un mareo, y vértigo. Estaba en mi habitación y probé salir al patio porque necesitaba aire, pero me mareé más y antes de caer desmayado me senté en el suelo por mis propios medios con las pocas fuerzas que me respondían.

Yo no sé si me quedé dormido o qué pero de golpe sentí una voz: “Profesor, profesor”. Me incorporé abruptamente sin percatarme que ya no me dolía nada y, para mi sorpresa, encontré una señorita o señora con alas, como un ángel. Yo siempre me había imaginado a los ángeles más majestuosos, pero esta señora con alas de insecto no coincidía con esa imagen. Pero ella enseguida aclaró:

- Soy un Hada Madrina, me llamo María Didáctica, no te asustes. – Yo no entendía nada, me parecía un chiste esta señora petisa y gorda que se parecía a cualquiera de mis quince tías, pero ella continuó – No estoy sola, ella es María Observación – Igual a Didáctica pero con el pelo más corto - Y a ella la debes conocer, es Paula Albarracin.

- No lo puedo creer, la madre de Sarmiento ¿Pero qué hace vestida de cuero? – ni bien dije estas palabras Doña Paula me dio una piña con manopla incluida que me hizo volar varios metros.

Misteriosamente, no me había salido una sola gota de sangre. Se reía con una áspera carcajada que, con el traje de cuero, la hacía más parecida a Pappo que a la madre de nuestro eximio prócer.

Pero qué hace señora ¿Cómo me va a pegar así? Con todo el respeto que le tengo, pero ¿Quiénes son ustedes? ¿De donde salieron? – Esta vez la que respondió fue María Observación

Venimos a llevarte de paseo ¿Te gustaría observar algunas clases esta noche?

No, no puedo, tengo que hacer un trabajo práctico para una materia. Además ya estuve observando unas clases esta semana. No necesito observar más nada – y ahí la vieja de nuevo brotó agarrándome de los pelos y llevándome al borde de la terraza – Vieja de m… me vas a matar. Vamos a donde quieran pero por favor frenenla. – grité.

Yo realmente estaba muy asustado, no sabia si era un sueño o si me había muerto o qué. Ellas se portaban como la policía y hacían de cuenta que me invitaban a donde en realidad me obligaban a ir. Mientras las Marías se hacían las buenas la madre de Sarmiento, mi ídola de toda la vida, de verdad profesora, era muy pero muy mala. Y violenta, lo que más pánico me daba.

- No te preocupes, no te va a pasar nada. Lo que pasa es que ella es muy tradicionalista, tomalo como un gesto de amor – yo asentía con la cabeza pero estaba muerto de miedo – Vení, seguinos…

De pronto me encontré siguiendo a estas mujeres por mi casa, bajando la escalera y saliendo a la calle. Justo estacionado en la puerta había un auto, de esos antiguos de la década del 50. A esta altura todo me parecía posible y sin decir ni “mu” (Doña Paula se había puesto a tejer por lo que traté de mantenerme alejado de ese par de agujas) me subí al coche. La vieja fue al volante y yo me senté atrás, en el medio, con cada una de las Marías a cada lado. Ahí empecé a sentirme más atemorizado porque desde adentro del auto, que tenía vidrios polarizados, no podía ver nada de afuera. El auto arrancó a una velocidad que pensé que iba a vomitar la pizza que había comido hacia un rato. Mientras andábamos, las Marías comenzaron a hablarme:

- No te preocupes por el trabajo práctico, vas a ver que te estamos dando una manito… – dijo Observación con un tono entrecortado

- Así que vas a trabajar con el manual de Santillana ¿no? – dijo Didáctica con un tono que ahora podría decir sarcástico.

- Sí, la verdad que es un lindo manual. - respondí

- ¿Sí? Qué bueno. Contame un poco por qué… En breve llegaremos a nuestro destino – añadió Didáctica.

- Mirá, me pareció muy bueno como está estructurado, en tres secciones. La primera se llama “La literatura y otros discursos” y esta dividida en nueve partes que parecieran abordar los distintos tipos de géneros y/o discursos; el cuento, el policial, el terror, la poesía (la mejor parte del manual sin dudas), el humor, el teatro, lo fantástico, la épica y la novela. – las Marías escuchaban atentamente -A la vez, cada una de estas partes está integrada por una serie de temas que eran los mismos para cada parte: “Lectura”, “Comprensión lectora”, “Ampliación del vocabulario”, “El discurso literario”, “Otros textos y contextos” y “Más lecturas”; luego tenían una parte llamada “Escritores en el taller” y un apéndice de actividades llamado “Integración”. La segunda sección es de gramática, normativa y ortografía, muy bien completitas, con todas las clases de palabras, proposiciones, conjugaciones y pronombres y también actividades de “integración”;

- Aha, y qué te parecen estas partes o secciones – me interrumpió Didáctica

- Me parece buenísimo porque lo que los chicos necesitan son estructuras. Admito que no entendí la relación que hay, por ejemplo, entre la “parte” y lo que aparece en el item “otros textos” porque, por ejemplo, en la parte de teatro en “otros textos” ven la publicidad. Yo lo hubiera puesto en poesía… pero no importa. Ah, me olvidaba, la sección tres se llama “Técnicas de trabajo” y es excelente, hasta les enseña en cuatro carillas a hacer una monografía… Lo mejor es que, aparte de estar bien estructurado para que los chicos no se pierdan, a los profes nos viene bárbaro porque prácticamente no hay que preparar la clase…

No sé por qué cuando dije eso se me ocurrió mirar hacia delante y ahí me vino un escalofrío, cuando vi a través del espejo retrovisor a doña Paula mirándome, haciendo un gesto con la palma inclinada sobre el cuello como señal de cortarme la cabeza. El auto frenó en ese instante, pero en lugar de bajar de él, la ventana del lado de Didáctica, a mi izquierda, se bajó completamente.

Para mi sorpresa se veía un curso de escuela. No podría precisar de qué año serían, pero no era más de tercer año. El curso se veía revuelto, como si esperaran al docente. Yo estaba muy asombrado de lo que veía porque los chicos tenían como algo diferente, la forma de vestirse, no sé. Uno de los chicos de pronto gritó “ahí viene la oveja” pero nadie pareció darle importancia…

Profesora, le repito, yo se que va a pensar que estoy loco y me hago cargo, por eso voy a dejar esta carrera. Yo pensaba que era lo mejor, tres meses de vacaciones, empleado del estado, la mejor manera de zafar, pero estaba equivocado…

De pronto, en el aula me vi entrar a mi mismo, tendría unos diez años más, no sé. Una panza irreconocible, calvo con los rulos medio canosos a los gritos pidiendo silencio sin que nadie me prestara mucha atención.

- Buenos días…Quieren hacer silencio por favor. Silencio dije… Vamos a la página 128, “los verboides”, Fernández, ¿quiere sentarse? ¿trajo el manual? ¿no? tiene un uno Fernandez, ya va por el tercero del trimestre, si sigue así le vamos a decir Atila, como el Rey de los Hunos.

No podía creer lo que mis ojos veían. Las miraba a las Marías que ponían cara de nada y a la vieja directamente ni la miré. Volví a dirigir mi atención al aula…

- Lean el capítulo y hagan los dos primeros puntos de las actividades que los vamos a chequear al final de la clase, el tercer punto me lo hacen de tarea para la próxima. Ya saben, tarea que pido y no está…

- ¡Tiene un uno! – contestan los alumnos a coro

- Vieron cómo aprenden – dije o dijo, qué se yo…

Yo me empecé a sentir muy incómodo con lo que veía, especialmente porque después de dar la consigna (vi que) me senté mudo en el escritorio mientras los alumnos trabajaban o hacían que trabajaban. Pude escuchar el cuchicheo de un grupito: “siempre hace lo mismo y después no pide una mierda”; “si le preguntas algo te repite lo que dice el libro como un loro”; “es un forro”; “para mi que es puto”.

Para ese entonces ya estaba de todos los colores, profesora. Las miré a las Marías y moviendo la cabeza nerviosamente les pedí que nos fuéramos, que me llevaran a mi casa de nuevo.

De respuesta sentí un “no”, como chistado, acompañado con el gesto de la cabeza pertinente, que Doña Paula hacía mirándome a los ojos a través del retrovisor. Las otras no decían nada y el auto arrancó de nuevo dejándome el vomito en la garganta otra vez.

El auto se detuvo y esta vez, desde la ventanilla, vi a alguien en una oficina que hablaba por teléfono:

- Sí, ese mismo, calvo de rulos. Bueno, ahora es pelirroja y con lacio definitivo… si con la guita que se lleva se puede poner seis pares de tetas más… No, vos te confundís… Ese mismo, claro, pidió una licencia psiquiátrica y después se pasó a tareas pasivas y bueno… lo demás ya sabes… entró de la mano del gerente en la editorial pero ahí todavía no era gordo y calvo… claro, las primeras se las pagó el viejo… y si, de a poquito, de a poquito, fue trepando y ahora dirige la colección…

Nuevamente no entendía nada, o no quería entender, pero mi ignorancia duró poco. Para qué voy a dar vueltas con esto. De pronto, por la puerta de la oficina aparecí, más viejo… o vieja, porque ahora era una travesti y, evidentemente, la persona que hablaba por teléfono respondía a mis órdenes.

- ¿Otra vez hablando por teléfono? Si estaríamos en clase le pondría un uno…quiere cortar por favor – yo (me) miraba anonadado aunque no tanto ahora que lo pienso - ¿ya están las pruebas de imprenta? – agregó/agregué

El pobre empleado le pasa a la señora unas carpetas que (¿yo?) empieza a leer ofuscadamente. Hablando sin parar.

- Les repetí quinientas veces que no quiero títulos con los nombres, no me importa si son licenciados, profesores o astronautas. ¿Ok? Todo lo demás está bien, a buena hora, estas ilustraciones están cada vez mejor. Me encanta… el instructivo para hacer un caleidoscopio va en “texto instructivo” animalitos de dios y en el cuadro de recursos estilísticos falta algo… ocho, nueve, diez… falta uno, eran once, asi que falta uno.. falta la sinestesia, burros ¿no leyeron nunca un poema?

Para ese entonces me agarré la cabeza casi llorando. Las Marías hablaban entre ellas y Doña Paula hacía una risita como diabólica:

- Pero qué bueno, vas a trabajar en Santillana - dijo María Observación

- Sí! Con lo que te gusta ese manual – sumó María Didáctica – Una gran carrera.

Yo estaba mudo, tenía ganas de matarlas, directamente.

- Bueno, mejor volvamos a la casa, se te va a hacer tarde para el trabajo de didáctica – dijo alguna de las Marías pero ya ni recuerdo cuál – Vamos Paulita, acelerá.

Así, más rápido que el viaje de ida, aparecimos en la puerta de casa de nuevo. Bajamos las cuatro, perdón, los cuatro. No sé por qué me siguieron de nuevo hasta arriba. Yo me sentía una piltrafa, lo único que quería era dormir. Salimos al patio, donde había empezado todo. Las marías dijeron “suerte con el trabajo” y batiendo sus alitas de mosca tomaron vuelo. Me intrigaba la mamá de Sarmiento, que no tenía alas y se quedó parada mirándome. De golpe, abrió los brazos hacia mí. A pesar de la violencia con la que me había tratado logró conmoverme y extendí mis brazos para abrazarla cuando de un cabezazo me hizo perder el conocimiento.

Me desperté en el mismo lugar donde me había sentado cuando creí que me desmayaba. Entré a la casa muerto de frío y vi que ya eran las seis de la mañana pasadas.

Profesora, no tengo nada que agregar, simplemente voy a dejar esta carrera y voy a estudiar peluquería, que siempre me gustó más que la docencia y bueno… creo que también me voy a dejar la barba, pero qué tiene que ver esto, ¿no? Disculpe, estoy dormido. Además, creo que así ganaré más dinero, con la peluquería. Cuando me reciba prometo cortarle el pelo a usted, ¿quiere? Disculpe las molestias y le pido que le envíe mis saludos al resto de los compañeros. Ah, una cosa, por favor, no profundice en detalles…usted me entiende. Por lo pronto, puede decir que me intoxiqué comiendo una pizza y que simplemente no llegué a tiempo.


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