viernes, 3 de junio de 2011

las ciudades manuales. 1.


Al cabo de siete primaveras, magnánimo Kublai, el viajero llega a Metáfora 8, ciudad que en su circularidad diacrónica esconde su verdadera figura de bucle. Y es que al entrar en ella, se encuentra con una sucesión seriada de acompañantes quienes, como si el viajero fuese una posta, lo pasean por la ciudad hecha de repeticiones y de matices que diferencian cada repetición, haciendo que cada capítulo, cada giro del bucle sea igual al anterior y sea diferente a la vez, como un paisaje invisible que condiciona el paisaje visible , círculo que termina en una puerta que da a un nuevo comienzo. Dicen sus habitantes que el viajero saldrá de la ciudad educado en valores, por lo que habrá de estar atento a las morales voces de sus anfitriones

Expresión Oral es quien toma la mano del visitante cuando éste llega a Metáfora 8, y en su breve discurso hará hincapié en la forma de pronunciar un discurso escolar, usará un ejemplo y nos propone pronunciar uno nosotros mismos, tan sólo tomando aquel como ejemplo y hasta usando entonaciones que ni a él le oímos, mientras nos entrega, de la mano, al siguiente anfitrión, El Tipo Textualez. El Tipo es un ser extraño, que agita las tapas de diarios, nos señala el nombre de cada parte y nos invita a llamar a cada parte de esa manera. Es él una metáfora de Metáfora: su espíritu esquemático será el de la ciudad toda, en la que uno de los valores más importantes será saber desmembrar a cada objeto y poder nombrar cada parte. Toda interacción propuesta con el visitante será del orden de lo tópico: querrá que sepa ubicar un objeto en una serie, que sepa nombrarlo y que sepa sacar una conclusión al respecto. Nuevamente, Gran Kublai, creerán haber dado al viajero los elementos para responder a sus preguntas, pero bien hará quien se interna esta ciudad al dudar de esto y tomar, un poco confundido, un poco entusiasmado, la mano de la Literatura, la siguiente anfitriona. Ella lleva al convidado de la mano, suavemente y con su voz cuenta una corta historia. Es evidente que disfruta de ser escuchada, y al finalizar pregunta si se ha entendido, si se puede hacer un comentario y se es el viajero capaz de repetir algo de lo relatado. Antes de poder responder, ya estará hablando del género al que pertenece su relato, ya estará exponiendo sus saberes buscando activar la información que trae el viajero. Pero, ¿tampoco sabe ella de dónde viene el viajero? Si cuestiona, si sospecha, se encontrará de la mano de otro anfitrión, paseando por otro lado de la ciudad, quizás más esquemático que los anteriores: es el barrio de La Lengua, prolijamente dividido en Gramática, Sintaxis y Ortografía aunque no haya relación aparente entre lo que se discute en cada parte. La Lengua habla sola, acomoda conceptos, ordena ideas y apenas si de vez en cuando preguntará si le sigue el hilo, si es capaz de identificar una sobreesdrújula, una construcción adverbial o un predicativo subjetivo. Si oye las respuestas, es apenas anecdótico: la Lengua parece más hecha para hablar que para escuchar, aunque lo que dice parece ser irrefutable, parece presentado como una verdad rotunda basada en los criterios científicos más actuales y el viajero sentirá que es difícil objetar tales verdades. Bien hará aquel que se anime a preguntarse de qué están hechas esas verdades, pero deberá hacerlo solo, pues no encontrará en sus anfitriones los elementos para hacerlo. La Lengua, señalando con una mano mientras retiene al forastero con la otra para entregarlo a la puerta misma de un Taller. En el umbral encontrará sentados a los Procedimientos, quienes disertarán sobre la conveniencia de reconocer elementos en todo lo que nos dijeron nuestros anteriores anfitriones. Es ese el momento en que el viajero intuye que este paso de mano en mano tiene un sentido, una marcha, un destino. Pero ellos hablan entre sí, aunque dejan caer alguna pregunta como migaja o como forma de asegurarse que nuestra atención no se ha perdido en el ampuloso mundo de imágenes y colores que rodea a Metáfora 8. Si han comprobado que hemos oído, nos abrirán las puertas del Taller de Escritura, quien no nos tomará de la mano sino que nos pone una pluma entre los dedos, una pluma para que nuestra imaginación tome vuelo y nos permita escribir un relato que será la llave de salida.

solo una pluma? solo nuestra imaginación? cómo trabaja el taller, oh, viajero?

Me pregunté, Gran Kan, cómo articular todo lo que me habían contado mis anfitriones, mas no logré ver conexión alguna entre todos sus discursos y lo que produje me depositó nuevamente frente a Expresión Oral.

Y así empezó la secuencia otra vez. Una y otra vez. Pasaban en el mismo orden cada uno de mis anfitriones, y aunque cada vez hablaban de distintos temas, mucho me costó saber de qué hablaban. Aunque respondía bien a sus preguntas, aunque agitaba la pluma con gracia en el Taller de la simpática Escritura, una y otra vez la puerta de salida me depositaba en las manos del inicio del círculo.

Doce veces tuve que dar la vuelta completa, sir. Pensé que era yo quien no había sido dotado con el don del saber, que era yo quien no podía saber de qué se trataba todo eso, pero era esa una explicación fácil del problema que no aportaba nada cercano a una solución. Ni siquiera permitía una visión crítica del problema. Busqué el reverso de las preguntas, busqué anagramas, quise entrever trampas, fui solícito, fui obediente y fui también todos aquellos quien creí que ellos me pretendían. Extrañamente, hallé la salida en la doceava vez, dibujando una historieta, quizás inspirado por el cielo de múltiples colores de la ciudad, las muchas fotos circundantes, la geometría que todo lo rige allí, tanto en el diseño como en sus esquemas.

Pensé: “¿Es que siempre se desarrolla el viaje en el mismo orden? ¿Es que tiene importancia el orden en que se suceden las enseñanzas de estos anfitriones? ¿Es que nos hablan a nosotros o están recordándose a sí mismos todo lo que saben? Si hay una respuesta a esto, hermoso Kublai, la sabré el día que me atreva a internarme nuevamente en el pasamanos de aquella ciudad invisible.


felipe

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