viernes, 25 de noviembre de 2011

luciana y un té de locos

Sin dudas, muchas veces los objetos no hablan. Puede darse el caso también que escuchemos otras cosas a las dichas.

Las tazas y las sillas, pongamos por caso, no manifestaron nunca, jamases estar de más.

Simplemente ella escuchó mal. Quizás producto de algún vestigio de territorialidad no literaria.

La cortesía -vaya palabra que se quiere parecer a un caramelo pero con nombre de cuchillito. Decía que la cortesía culmina con un corte de pelo sugerido que pasa como aire entre vendaval.

¿Qué cosas pueden ser lo mismo? ¿Lo mismo puede ser cosas qué? ¿Nunca, al revés es igual?

El tiempo se puede medir a manteca o dos agujas. El hilo lo ponen las palabras y los ojos usted.

Pero ni remotamente, ni remontando en la merienda del mundo, se puede malgastarlo, marcarlo, ni muchísimo menos ¡Y esto puede ser agudo! pelearlo.

Las consecuencias no dejarán de regodearse con el capricho de no poder manejar en momento alguno la hora, ¡Y serán siempre las 6 de la tarde!

No siempre se construye escaleras firmes con preguntas sobre un cuento.

Lo cuente un señor lirón, un Lewis Caroll o esta autoría fluctuante hecha de mates a las 6 de la tarde que se parece asimismo a la locura de Marzo de una liebre corre carrera.

En ambos lugares (cuales sean) no se puede tomar menos que nada. Esto nos da un respiro. A cualquier lirón por otra parte, le gusta dormir cuando se aburre de las palabras.

Vivir en un pozo de melaza es una opción imprevista. Si el sueño se pone lejos el mismo lirón propone dibujar palabras que empiecen con M.

Lo cual da como resultado momentáneo: Maravillosas Mentiras, manzanas misteriosas, máquinas murciélagos, margaritas marchitas, monedas motorizadas, milímetro matriculado, mar medio, mañanas morsa, manga mundial, mariposas mermando, marcar milagros, memorizar macetas, metáforas o mentagramas.

¿Cómo? ¿Quién mencionó esa palabra pueril? Son migas de lógica que no resiste ningún pájaro de esos que ven tantos maullidos que los dibujan hasta en sueños. (Véase botánico capital federal).

Digamos por fin de capítulo que Alicia huyó de la mesa olvidando una cortesía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario